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¿Es libre la libertad?

2020.11.11 03:32 Otro_engranaje ¿Es libre la libertad?

¡Hola comunidad! En esta ocasión traigo (como suelen ser mis publicaciones en este tablón) un breve ensayo hablando sobre un tema que he notado muy seguido por estas huestes: "La libertad", un problema que me pareció apasionante, pero que obviamente no abordo de manera definitiva (es arduo extenso) en pos de revelar una nueva verdad, sino que adopto una posición con respecto al tema e intento dar un panorama más amplio de la idea de Libertad.
Les dejo un link a mi blog, como siempre, dónde esta subido el breve ensayo, y se los adjunto aquí mismo también. Saludos:
¿Es libre la libertad?
Introducción.
Libertad. Una palabra poderosa y polémica; una virtud o un vicio; un valor o un eslogan. La palabra libertad, en el uso común, parece definirse de manera obvia: la entendemos, en general, como la “facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”[1].
Lo cierto es que, si bien la cuestión parece sencilla a simple vista, profundizar en el término nos conduciría a un debate, considero yo, espinoso, donde se juega uno de los valores (¿valor, cualidad, don?) de la humanidad. Algunas preguntas disparadoras podrían ser las siguientes: ¿Es el hombre[2] libre por naturaleza?, ¿el hombre siempre elige de acuerdo a su voluntad?, si la voluntad existe, ¿de dónde sale, es decir, responde a leyes de causa-efecto, o no lo hace?, si hablamos de causalidad en la voluntad, ¿podemos hablar de libertad, o el hombre estaría sujeto a un determinismo del que no puede escapar?
En el presente breve-ensayo, vamos a encarar la cuestión de la libertad analizando fragmentos de la novela Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, la historia de aquel joven ingles que, durante el siglo XVII, rompe con la voluntad de sus padres de tener una vida “normal” para arrojarse a la aventura marítima, donde le esperan una serie de infortunios. Repararemos sobre la noción de libertad que nos ofrece la novela, y contrastaremos con diferentes concepciones del término desarrolladas desde la filosofía y la antropología filosófica, puntualmente. Lo que se intenta es ampliar nuestra idea sobre la libertad, entender cómo opera y saber si la libertad, como concepto, está libre de determinaciones, no lo está o si acaso la cuestión es más compleja. Siéntanse libres de continuar la lectura.
El fatal aventurero que no quería ser abogado.
En la ficción, al parecer inspirada en hechos reales (Defoe habría conocido la historia de un hombre cuyos infortunios lo habrían alentado a hacer su obra)[3], Robinson narra su vida. En uno de los primeros párrafos, iniciándose la novela, leemos:
Siendo el tercer hijo de la familia y no habiendo aprendido ningún oficio, mi mente comenzó muy pronto a llenarse de proyectos aventureros. Mi padre, que era ya muy viejo, había procurado dotarme de una buena instrucción, en la medida que las enseñanzas hogareñas y las de una escuela pública provincial pueden generalmente procurar, y me había preparado para la carrera de leyes. Pero yo no podía resignarme a seguir otra carrera que la del mar, y esta carrera era completamente opuesta a la voluntad, mejor, a las órdenes de mi padre, y también contraria a todas las súplicas e intentos de persuasión de mi madre y de mis amigos, de tal suerte que parecía haber algo fatal en la inclinación natural que me impelía directamente hacia la vida de miseria que me esperaba. [negritas mías] (1969: p.15).
Este párrafo, que permite anticipar ciertamente de qué va la obra, nos cuenta mucho más que el simple contenido de una novela literaria. Aquí podemos observar una concepción del personaje (y del autor) a cerca de la voluntad de elección que poseería un individuo, a cerca de la condición de la libertad (o no) del hombre para obrar de una manera o de otra.
Robinson, a unos pasos de la adultez, sabía que su voluntad era contraria a la voluntad de su padre y a la de su madre. Él no deseaba que su vida sea, tal y como se la proponía su padre, dedicada a las leyes y situado en la “clase media” que, según su padre, era la “mejor situación del mundo” (1969: p.16). Pero luego leemos lo siguiente: “parecía haber algo fatal en la inclinación natural que me impelía directamente hacia la vida de miseria que me esperaba”. Si en un principio pensábamos que el joven Crusoe hacía uso de su condición de hombre libre para oponer su voluntad a la de su familia, estas líneas nos ponen de manifiesto otra cuestión. Su inclinación no sería causa de su más libre voluntad, sino que sería “natural”, y no solo eso, algo “fatal” dentro de esta misma naturaleza lo empujaba al (¿inevitable?) destino que le esperaba.
Evitando entrar en trampas del lenguaje, consideremos lo siguiente en el marco del párrafo anterior. Robinson claramente tiene sus deseos, su “inclinación natural”. Suponiendo que es natural, podríamos pensar que él no la eligió, sino que simplemente vino con él. Pero aun así podría haber declinado ante la insistencia de su padre, y no lo hizo, eligiendo arrojarse a la mar. Por otro lado, también se alude a algo “fatal” dentro de la inclinación de Robinson por hacerse un navegante, en otras palabras, algo que necesariamente lo determinaba a padecer, como dice, sus futuras miserias. Y aquí se nos presenta un primer problema. No podemos negar que Robinson Crusoe elige, ciertamente, lo que hará. Pero, ¿acaso elige él su “inclinación natural”? De momento parece que no, que hay algo que lo excede.
Robinson se aventura, entonces, en un primer viaje un día que se cruza un compañero suyo, quien lo invita gratis a tripular en el barco de su padre con destino a Londres. En síntesis, la cosa va muy mal, durante el trayecto la embarcación sufre dos tempestades y, en la segunda, el barco zozobra. Nuestro desafortunado protagonista nos dice que bien podría haber tomado aquello como advertencia, pero….
No sé cómo explicarlo, pero parece existir un secreto destino que nos precipita a convertirnos en instrumentos de nuestra propia destrucción a pesar de que nos demos cuenta de ello y avancemos hacia el futuro con los ojos abiertos. Evidentemente, solo un decreto fatal, al que me era imposible escapar, podía hacerme desoír las razones juiciosas […]. [negritas mías] (1969: p.23).
Parecería aquí como que Robinson se entiende títere de su propio destino. Como si una mano invisible encauzara nuestro rumbo, como si independientemente de nuestra voluntad, nuestra suerte ya estuviese echada. De hecho, la idea de la “Providencia” es muy recurrente en la trama, y Robinson (que en el desarrollo de la novela abraza fuertemente la religión cristiana y al Dios cristiano) interpreta sus infortunios como consecuencia de la “Divina Providencia” por haber ignorado las advertencias de su padre. Entonces, si Robinson elige no seguir las órdenes de su padre, pero aun así existe una “mano invisible” que determina su propia suerte, ¿podemos decir que el hombre, bajo esta concepción, es libre?, ¿acaso todo está escrito?
Providencia o libertad.
Repasemos el problema que se nos disparó anteriormente: Si acaso existe una divinidad, una “providencia”, que de algún modo sella nuestro porvenir; es decir, si ya nuestro destino estuviese “escrito”, ¿acaso existe la libertad?
Este problema estaría aparentemente “resuelto” por San Agustín (354-430 d.C.), quien en su obra La ciudad de Dios encararía la cuestión de la libertad y del libre albedrío. En el capítulo noveno del quinto libro, San Agustín, pensador cristiano, crítica la idea de Cicerón (antiguo político romano) de la ausencia de una “presciencia de lo futuro”. Este último pensaba que, si acaso existiese una presciencia (es decir, un conocimiento de las cosas futuras), esto querría decir que existe una especie de divinidad que rige la vida de las personas, de manera que las distintas voluntades del hombre serían causa de una fatal decisión del destino, no existiendo lugar para la libertad de decisión. Cicerón rechaza de plano, entonces, la existencia de una presciencia del futuro y de un “hado”, porque el libre albedrío (o libre voluntad) debería de existir y, de no ser así, serían absurdas todo tipo de leyes, castigos o premiaciones. Pero San Agustín no está de acuerdo con aquello.
Existe presciencia, dice, y existe libre voluntad:
[…], nosotros, así como confesamos que hay un sumo y verdadero Dios, así también confesamos su voluntad divina, sumo poder y presciencia; y no por eso tememos que hacemos involuntariamente lo que practicamos con libre voluntad, porque sabía ya que lo habíamos de ejecutar Aquél cuya presciencia es infalible.[4]
Aparentemente, que exista una divina Providencia no implica necesariamente que no esté a nuestra disposición, como humanos, la libertad de elección, la “libre determinación” o el “libre albedrío”. Suponiendo que Dios existe, y que conoce todo a cerca de nosotros, incluso nuestro futuro, no quiere decir que nosotros no elijamos libremente una cosa u otra, actuar de tal o cual manera.
Si tomamos esto por seguro el problema de nuestro amigo Robinson acerca de si es o no libre quedaría resuelto. Robinson no sería como él pensó un “instrumento” de su destino, sino que, a pesar de existir una presciencia y una divina providencia, queda claro que nuestro hombre eligió de acuerdo a su voluntad. Pero, ¿por qué? Es decir, ¿por qué Robinson cree que “solo un decreto fatal”, al que le era imposible escapar, podía hacerle desoír las razones juiciosas de su familia?, ¿por qué eligió lo que eligió, y no eligió otra cosa?
Libre albedrío, ¿determinismo?
La pregunta con la que cerramos el apartado anterior, para quien se haya fatigado de darle vueltas al asunto (que en realidad es la búsqueda de una respuesta convincente al mismo) puede parecer agobiante, y podría contestarla simplemente de este modo: “eligió lo que eligió porque él es libre de hacer su voluntad”. Pero este “ser libre” explica y no explica del todo por qué eligió aquella cosa y no otra.
Volvamos a la experiencia de nuestro desafortunado aventurero. Dijimos que había desobedecido la voluntad de su padre, y que por una inclinación propia un día se hizo a la mar con un conocido suyo. En este viaje habría sufrido dos tempestades, una peor que la otra, que, si bien asustaron al joven Crusoe, y casi lo hacen desistir de sus deseos de convertirse en un navegante, al final este no claudica. Pero sí se debate, en su vuelta por tierra a Londres, sobre lo que hará en la posterioridad:
En cuanto a mí, como que tenía un dinero en el bolsillo, hice el viaje a Londres, por tierra; y allí, como en el camino**, tuve varias luchas conmigo mismo respecto a cuál iba a ser el curso que daría mi vida y qué decisión debía tomar**, si volverme a casa o embarcarme.
En cuanto a regresar a casa, la vergüenza motivaba la mayor oposición a esa idea; e inmediatamente me figuraba cuál sería la chunga de los vecinos, y me sentía humillado no solamente ante mis padres, sino ante todos los demás […].
Una aversión irresistible continuaba impidiéndome volver a casa; y, como tardé algún tiempo en decidir, el recuerdo de los apuros que había pasado se desvaneció. [negritas mías] (Defoe: 1969: p.24)
Robinson se debate, analiza, delibera sobre cuál sería la mejor decisión. Y aquí podemos observar, primero, cómo recobra su voluntad y cómo contrasta la misma con la “voluntad divina”; segundo, el proceso por el cuál analiza las consecuencias de sus decisiones, y las causas que lo motivan a rechazar una y elegir otra opción.
Es Thomas Hobbes (durante siglo XVII) quien, con su filosofía determinista, nos da una pista de por qué nuestro desventurado compañero elige lo que elige y no otra cosa. Para Hobbes, en el marco de la realidad y del accionar humano, “todo cuanto se produce, se produce necesariamente, pues todo cuanto se produce ha tenido una causa suficiente para producirlo”[5]. ¿Pero cómo se da esto en el orden de la voluntad? Para Hobbes, son las acciones voluntarias aquellas que se siguen a un último apetito (por ejemplo, si tenemos miedo, pensaremos en fugarnos o escondernos de aquello que nos genera el miedo) o son producto de una opinión deliberada que considera las consecuencias de determinada acción. De manera que el humano, primero delibera y luego, su acción se desprende de su voluntad o de su pensamiento más inmediato sobre si las consecuencias de su acción serán buenas o malas para él. Hobbes no habla de agentes libres (pues estos serían los que aún no han deliberado), sino de agentes voluntarios, puesto que su acción procede de una elección deliberada.
Si acatamos las ideas de Hobbes y reparamos en la experiencia del joven Crusoe, este delibera (“tuve varias luchas conmigo mismo respecto a cuál iba a ser el curso que daría mi vida y qué decisión debía tomar”) y, de acuerdo a sus últimos apetitos, evalúa las posibles consecuencias de sus actos (“En cuanto a regresar a casa, la vergüenza motivaba la mayor oposición a esa idea; e inmediatamente me figuraba cuál sería la chunga de los vecinos…”). A Robinson le da vergüenza regresar con sus deseos frustrados a la casa paterna, y es este sentimiento el que lo condiciona a no volver, y a probar suerte en otros viajes. ¿Pero esta voluntad realizada, se puede decir libre o, como bien dice Hobbes, es “necesaria” ?, ¿nuestro amigo, en esta instancia, necesariamente debía repeler la idea de volver a casa de sus padres?
De la “libertad fundamental” y del problema de los determinismos.
A. El problema de los determinismos.
Aquí nos atraviesa un problema filosófico que, más que preocuparnos por nuestro amigo, se trata de una cuestión con la que convivimos a diario, y es el problema de los determinismos. Si todo fenómeno de la realidad y todo comportamiento es necesario, es muy difícil que haya espacio para la libertad. No seríamos “libres” en el sentido que conocemos de la palabra, porque lo que elegimos, lo que hacemos, cómo actuamos… todo eso está determinado en un orden causa-efecto, que incluso llegaría a medirse, sino absolutamente, al menos probablemente.
¿Qué tan profundo es el problema de los determinismos? Para ello citaremos a Jacinto Choza, que en su Manual de Antropología filosófica trata en detalle el problema de la libertad en el ser humano:
En la filosofía medieval el problema de la determinación de la elección por una realidad ajena a la voluntad electiva, preocupaba fundamentalmente en relación con Dios; en la filosofía moderna preocupaba en relación con el mundo físico, y en la filosofía contemporánea preocupa fundamentalmente en relación con los procesos biopsicológicos y socioculturales. Se trata del problema de los determinismos: determinismo teológico, cosmológico, físico-mecanicista, biológico, psicológico y sociológico (económico y culturales en general). (1988: p.383)
Tres períodos de pensamiento distintos, y tres maneras diferentes en que el problema de los determinismos se plantea. Podemos decir que la primera determinación (en relación con Dios), ya la hemos tratado brevemente con San Agustín, sin agotar la temática de más esta decir. El problema del mundo físico es, ciertamente, el que nos plantea Hobbes. Recapitulando brevemente, las deliberaciones de nuestro amigo Robinson y la vergüenza que le provocaba el volver a su casa le impedían, naturalmente y por leyes necesarias, desistir de su arrojo hacia la aventura. ¿Quién nos salva aquí?
Es Kant, posterior a Hobbes, quien en el siglo XVIII con su obra Fundamentación para una Metafísica de las costumbres parece darle cierta vuelta a la situación. En el capítulo tercero, (subapartado: “De los extremos de toda filosofía práctica”), el filosofó enseña que, de hecho, la libertad no es un concepto de experiencia, puesto que en la realidad empírica las cosas suceden de manera necesaria, determinado por leyes naturales. Pero, por otro lado, la libertad existe como idea de nuestra razón. Esta contradicción que se da muestra, según Kant, que desde el punto de vista “especulativo”, la necesidad natural es más practicable que la libertad. Pero, por otro lado, desde el punto de vista práctico (de la razón práctica, orientada a la acción) “es el sendero de la libertad el único por el cuál es posible hacer uso de la razón en nuestras acciones y omisiones”.[6] La razón es independiente de toda causa exterior a ella, por la cuál las leyes naturales de necesidad y causalidad no impedirían su libertad. Para Kant no hay contradicción, y tranquilamente un sujeto “como cosa en el fenómeno” puede estar determinado por estas leyes naturales, pero como “cosa en sí” es independiente a tales leyes. La libertad se une a la voluntad, y es así como el hombre puede actuar sin estar determinado necesariamente por leyes de causalidad.
Con lo anterior, ¿podemos decir que nuestro amigo Robinson delibera con la razón? Sí. Podemos ciertamente afirmar que lo que Robinson elige hacer, lo hace por medio de la razón, y a través de ella ordena a su voluntad para actuar tal como actúa. Pero prestando más atención a los dos párrafos citados en el apartado anterior (Libre albedrío, ¿determinismo?), podemos leer lo siguiente: “Una aversión irresistible continuaba impidiéndome volver a casa; […]” (Defoe: 1969: p.24). ¿No vuelve a su casa porque no quiere, porque no le place? Si tomamos lo anterior al pie de la letra, él no vuelve a su casa porque una “aversión irresistible” se lo impedía. Una especie de sentimiento de vergüenza; un sentirse expuesto a la burla, a la humillación… miedo a aquello. Y aquí cabe hacer espacio al tercer problema de los determinismos, el que alude a los procesos “bio-psicológicos” y “socioculturales”.
Si vamos hacia atrás, podemos dar cuenta de otros fragmentos que nos permiten dar cuenta de estos posibles determinismos sociales y culturales que habrían marcado al joven Crusoe, como que vivía en la Gran Bretaña del siglo XVII y había sido educado en una “escuela pública provincial” y por las “enseñanzas hogareñas”, en un contexto de auge del comercio y el colonialismo (de cuyos principios Robinson da cátedra en su estancia en la isla “desierta”, aunque esto se puede discutir). Tal como menciona Choza distintas ciencias humanas y sociales, como la psicología, la fisiología o la sociología:
…han puesto suficientemente de relieve hasta qué punto las tendencias, impulsos, esquemas de comportamiento, escalas de valores, estilos de pensar, formas motivacionales, códigos morales, etc., dependen del código genético, del sistema nervioso, de los sistemas de condicionamientos complejos que constituyen el aprendizaje durante la primera y la segunda infancia, de las frustraciones recibidas, del ambiente familiar, del medio geográfico, de la clase social y el sistema económico, etc. (1988: p.385).
Lo anterior parece ya encerrarnos en un callejón sin salida. Si las ciencias del comportamiento pueden predecir nuestra conducta no solo como sociedad, sino como individuos singulares, ¿qué queda de nuestra libre voluntad?
B. De la “Libertad Fundamental”.
Robinson nos metió en un dilema, del que Choza, de la mano con Kierkegaard, posiblemente nos tire una cuerda para que nos sostengamos con fuerza. Y es que la noción de la “libertad fundamental” es clave para argumentar que realmente hay cierto grado de libertad en el hombre o en la mujer, y en los personajes como Robinson Crusoe o en los autores que están detrás de ellos.
En línea con lo que nos dice Jacinto Choza, entonces, la libertad fundamental es el “fundamento o la condición de posibilidad de todas las otras formas de libertad”. También la denomina como libertad de apertura, pues está abierta a un número indefinido de fines, “a tantos cuantos el sujeto se proponga a sí mismo como fines”.[7] Aquí el autor señala la importancia del análisis de Kierkegaard a este respecto. En su obra El concepto de la angustia, el filósofo danés da a entender que el sentimiento de la angustia es la experiencia de la “libertad fundamental”. La angustia es la experiencia de estar en manos de uno mismo, de elegir ser o no ser uno mismo, y esa situación es la libertad, la nada. El sujeto en manos de sí mismo es nada, pero es pura libertad, y esta libertad angustia, y ante esta angustia se debe elegir. Así el hombre aparece, en su ser más profundo, como “pura posibilidad”. Y aquí una cita directa de un fragmento para detenerse atentamente:
Por supuesto, también se puede decir que esa posibilidad-capacidad no es tan genérica, puesto que en ella están ya una multitud de determinaciones biopsicológicas (…) y socioculturales (educación, principios morales y religiosos, recursos económicos, etc.), es decir, puesto que el sujeto está ya constituido precisamente en términos de lo que se ha llamado síntesis pasiva. Pero también esta objeción deja intacto el planteamiento de Kierkegaard: yo puedo ser de constitución asténica, introvertido, afable, con buenas aptitudes para el deporte, español, cristiano, de clase media, etc., y todavía eso no significa que sea yo mismo en el sentido de que puedo ser todas esas cosas tanto siendo yo mismo como sin serlo. (1988: p.376)
¿Qué podríamos decir de Robinson en este sentido?, pues creo que mucho: “tuve varias luchas conmigo mismo respecto a cuál iba a ser el curso que daría mi vida y qué decisión debía tomar”, decía el Crusoe maduro. En ese momento él estaba en manos de sí mismo. Esta lucha consigo mismo, representa esta angustia existencialista, en la que el sujeto se reconoce como pura posibilidad. Pero hay que elegir, y el puede elegirse para después actuar consecuentemente, o puede no elegirse y ver que pasa con lo que el “mundo” hace de él. Ahí esta el fundamento de toda libertad posterior, pero siempre dentro de un marco de elección. Los agentes que nos condicionan externa e internamente, nos brindan un horizonte de acción, pero nosotros nos elegimos y luego decidimos. Y no son elecciones fáciles, este es el problema.
Conclusión.
Hasta aquí, hemos abordado la cuestión desde algunas perspectivas de las más “icónicas” podría decirse. Por un lado, el problema de la providencia y el libre albedrío, con la mirada de San Agustín; el determinismo naturalista de Thomas Hobbes, con su idea mecanicista de la necesidad natural; Kant, con la diferenciación entre el plano de los fenómenos y el plano de lo racional, salvando una vez más la libertad y, por último, los distintos problemas de los determinismos, con una mirada desde la antropología filosófica bastante escueta sobre el amplio trabajo de Jacinto Choza.
Podríamos decir que, efectivamente, Robinson Crusoe era un hombre libre, porque podía elegir, pero diferentes cuestiones de la realidad en la que estaba arrojado lo hacían tener ciertas predilecciones tanto en el ámbito de la moral como en el de lo psicológico. Pero él se sabía libre, se eligió y, a pesar de la culpa que sentía producto de los valores inculcados, decidió seguir sus inclinaciones, inclinaciones que eligió dentro de un marco en el cuál se presentaban como posibilidad, pero que elige al fin y al cabo entre tantas otras.
¿La libertad es libre? Es una pregunta difícil y que en este trabajo no llegamos a contestar, pues hemos hecho un esbozo general de una cuestión demasiado amplia (y de la que el lector dispone de las fuentes en las notas utilizadas en la presente redacción). Me atrevo a decir que no. Que la libertad esta obligada elegir, esto es, o es o no es. Y, por lo tanto, no se trata de una facultad sencilla de utilizar, sino que por el contrario la libertad implica responsabilidad, y la responsabilidad se debe sostener, aunque no se logre el propósito dentro de un determinado contexto. El humano elige constantemente, o no elige, y ahí la libertad fundamental ya se ve implicada. Esto dentro de un marco dinámico, esto es, nunca elegimos en un mundo materialmente idéntico, sino que este mundo cambia y nosotros cambiamos con él.
[1] RAE (2019) Diccionario de la lengua española. En línea: https://dle.rae.es/libertad

[2] Por una cuestión práctica, cuando hable de hombre en el presente breve-ensayo me referiré a toda la especie humana, al género humano.

[3] Defoe, D.: Robinson Crusoe. Salvat Editores. España (1969). En el Prólogo por Juan Perucho, podemos leer: “[…], Defoe se dedicó con mayor regularidad a la literatura y al periodismo, pero siempre con sobresaltos y alternando con la sociedad más heterogénea de Londres, hasta que en 1718, en ocasión de reeditarse el Diario del capitán de navío de Woodes Rogers, conoció la historia y aventuras de un marinero escocés llamado Alexander Selkirk […]. Tal como se consignaba en el Diario, Selkirk había permanecido en la isla desierta (…), durante cuatro años y cuatro meses, con el único bagaje de un fusil, municiones y unas pocas herramientas.
La historia impresionó vivamente a Daniel Defoe […]”

[4] San Agustín La ciudad de Dios. Libro V, capítulo 9. En línea: http://www.iglesiareformada.com/Agustin_Ciudad_5.html

[5] Hobbes, T.: “Mi opinión sobre la libertad y la necesidad”, En Libertad y Necesidad, y otros escritos. Traducción de Bartomeu Forteza Pujol, Barcelona, Nexos, 1991, pp. 164-167.

[6] Kant, I.: “Último paso de la metafísica de las costumbres a la crítica de la razón pura práctica”, en Fundamentación para una Metafísica de las costumbres. Espasa-Calpe, Madrid, 1980. En línea: http://www.cervantesvirtual.com/buscado?q=metaf%C3%ADsica+de+las+costumbres

[7] Choza, J.: Manual de Antropología Filosófica. Ediciones Rialp, Madrid, 1988. (p.375)
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2020.10.05 05:43 ArgenCoso Tilingos


Por Arturo Jauretche
CONFIRMADO me propuso este tema. Pensé entonces que era la oportunidad para ofrecer una respuesta, entre las muchas que pueden articularse, a un interrogante que plantea José Luis de Imaz en Los que mandan; "¿Por qué, no obstante su peso económico, su rol en la modernización, y haber sido innovadores tecnológicos, los empresarios no pesan en la vida del país?".
O pesan al revés. Este es el caso de ciertos tipos de grupos económicos capitalistas, adscriptos a la política de la Sociedad Rural, ya consolidados dentro del viejo sistema agro-importador, que prefieren un mercado interno pobre en condiciones de monopolio a un mercado en crecimiento en condiciones de competencia, como los que apoyaron la política de contención del progreso en las Juntas Reguladoras de la Década Infame. Sólo que éstos sí saben lo que quieren.
Pero no voy a hablar de economía, sino del tema propuesto; de la forma en que la tilinguería impone sus pautas, y cómo ellas están perturbando el desarrollo de la inteligencia nacional y sus impulsos creadores.
Y ésta es cosa de que debe tomar cuenta también el político militante, si es que no sabe que el comité ha muerto definitivamente. Porque los estados de opinión, entre los cuales tiene importancia fundamental el slogan que surge de la cuestión de los status, pesan mucho más que una recluta que sólo vale para las elecciones internas.
En el Espasa Calpe se lee tilingo: "Argentinismo: Insustancial, ligero, que habla muchas tonterías". Segovia, en su Diccionario de Argentinismo", expresa: "Dícese de la persona simple y ligera que suele hablar muchas tonterías".
Los paisanos, de un tipo así, dicen; "Hombre sin fundamento".
Don Hipólito -desde luego, Yrigoyen es el Hipólito por antonomasia- decía "palangana". Supongo a esta expresión tradicional y fundada en la poca cosa y mucho ruido de la enlosada al caer retumbante.
Usted lo conoce al tilingo. Y si no lo conoce, ahí lo tiene al lado, en esta mesa de un café céntrico donde se han sentado cuatro o cinco tipos con portafolios. Algún día habrá que escribir la historia del hombre del portafolio. Hubo la etapa de la posguerra con los "ingenieri" italianos recién llegados que escondían bajo el cuero -con una sugestión de planos y patentes de invención- el sandwich de milanesa del almuerzo. Ahora es posible que el portafolio contenga la cuarenta y cinco persuasiva, o la concluyente tartamuda portátil.
Pero esos que están en la mesa de al lado sólo llevan allí sueños, proyectos, hipotéticas transacciones. Andan a la búsqueda de enganchar algo, intermediar en alguna operación cualquiera para ganar una comisión, y muchas veces intermediando entre intermediarios. Generalmente se ayudan con el teléfono de un amigo que tiene escritorio y al que han pedido permiso para que les "dejen dicho". Ese teléfono, la mesa del café y el portafolio constituyen su establecimiento comercial.
Mientras llega "el asunto*', hablan de fútbol, de carreras, de política, de economía.
Cuando tocan estos dos temas últimos, nunca faltará quien diga: "Lo que pasa es que los obreros no producen". Ahí está el tilingo. No se le ha ocurrido averiguar qué es lo que él produce y qué producen todos ellos, puntas sueltas, mallas erradas en la enorme red de intermediación que es Buenos Aires.
Que un tipo que no produce diga, en una reunión de tipos que no producen, que no producen los únicos que producen algo, es tilinguería. En esto de producir, tenemos muchos productores rurales por el estilo que creen que la condición de productor la da la propiedad de una estancia, unos breeches y unas botas de polo, que viven en la ciudad -"porque mi señora dice que hay que educar a los chicos"- y dan una vuelta por el campo cada quince días. Productores rurales son los que trabajan y producen en el campo, que pueden ser patrones o peones, pero no los que no intervienen en la producción sino como propietarios, y que son rentistas aunque no arrienden. Estos también son de los que dicen que los "obreros" no producen. Y ya no desde la posición marginal del tipo del portafolio, sino empinándose como "fuerza viva" sobre la que descansa la economía del país.
Inevitablemente, éstos y otros representantes de la tilinguería son los que, ante la menor dificultad, califican al país: "Este país . de m...", colocándose fuera del mistao a los efectos de la adjetivación. Y la verdad es que el país lo único que tiene de eso son ellos: los tilingos.
El racismo es otra forma frecuente de la tilinguería.
La tilinguería racista no es de ahora y tiene la tradición histórica de todo el liberalismo. Su padre más conocido es Sarmiento, y ese racismo está contenido implícitamente en el pueril dilema de "civilización y barbarie". Todo lo respetable es del Norte de Europa, y lo intolerable, español o americano, mayormente si mestizo. De allí la imagen del mundo distribuido por la enseñanza y todos los medios de formación de la inteligencia que han manejado la superestructura cultural del país.
Recuerdo que cuando cayó Frondizi, uno de esos tilingos racistas me dijo, en medio de su euforia: -¡Por fin cayó el italiano! Se quedó un poco perplejo cuando yo le contesté: -¡Sí!, lo volteó Poggi.
Muchos estábamos enfrentados a Frondizi; pero es bueno que no nos confundan con estos otros que al margen de la realidad argentina, tan italiana en el presidente como en el general que lo volteó, sólo se guiaban por los esquemas de su tilinguería.
Ernesto Sábato, con buen humor, pero tal vez respirando por la herida, ha dicho en Sobre héroes y tumbas más o menos lo siguiente: "Más vale descender de un chanchero de Bayona llamado Vignau, que de un profesor de filosofía napolitano". La cita me chocó en mi trasfondo tilingo (fui a la misma escuela y leí la misma literatura) porque tengo una abuela bearnesa también Vignau, tal vez más que por lo de Bayona, por lo de chanchero (vuelvo a recordar que fui a la misma escuela, etcétera).
La verdad que ni el presidente ni el general son italianos. Simplemente son argentinos de esta Argentina real que los liberales apuraron cortando las raíces.
Pero la idea liberal o sarmientina no era ésa. Ella tenía, y tiene, una escala de valores raciales que se identifican por los apellidos cuando son extranjeros. Arriba están los nórdicos -con escandinavos, anglosajones y germánicos-; después siguen los franceses; y después los bearneses y los vascos; más abajo los españoles y los italianos, y al último, muy lejos, los turcos y los judíos. Cuando yo era chiquilín nunca oí nombrar a un inglés -que generalmente era irlandés, pero la diferencia era muy sutil para entonces- sin decir "Don", aunque estuviera "mamao hasta las patas". El francés, a veces, ligaba el Don; y en ocasiones, el vasco. Jamás el español, que era "gallego de...", lo mismo que el italiano "gringo de...". ¡Para qué hablar del turco y del ruso.'
En La condición del extranjero en América, Sarmiento parece revisar sus tesis sobre la inmigración. Pero no nos engañemos: se sintió defraudado por la misma porque vino del Mediodía de Europa. El hubiera querido una inmigración de arquetipos, y los arquetipos son los que estaban en lo alto de su escalera antiamericana y antiespañola.
Afortunadamente fracasó, y eso es lo que nos ha salvado como nación. En algún lugar he recordado las palabras de Hornero Manzi cuando me dijo: -Lo que nos ha salvado es la actitud del italiano y el turco, que en lugar de proponerse como arquetipos, propusieron como tal al gaucho; así, en el ridículo del cocoliche se nacionalizaron en lugar de desnacionalizarnos. Sólo falta imaginar lo que hubiera ocurrido si las pampas y las aldeas se hubieran poblado de los ejemplares arquetipos deseados por ese racismo, con la actitud de obsecuencia de las generaciones liberales para todo lo foráneo.
Ya se ha dicho que esa tilinguería racista viene de lejos.
Pero se acentúa cuando se producen cambios sociales. Entonces, la tilinguería se exacerba en una peyorativa actitud racista. Pasó con el acceso al poder del radicalismo. Los tilingos de entonces cargaron el acento sobre los apellidos italianos de la nueva promoción política suscitada con el ascenso de la clase media: la pequeña burguesía inmigratoria y los doctores de primera napa nacional.
La oposición conservadora adoptó un aire peyorativo que se tradujo en toda una literatura política, que fue del periódico -La Mañana y La Fronda, sucesivamente, fueron sus expresiones más calificadas- hasta el discurso parlamentario. Se jugaba, por ejemplo, con la equívoca significación de algunos apellidos; así, la triple fórmula Coulom-Coulin-Culacciatti, que integraba, con la igual finalidad peyorativa hacia los criollos desconocidos, don Julio del C. Moreno -un personaje riojano- completaba el ridículo en la imagen anal. Hasta cuando el apellido era patricio se lo modificaba para ponerlo a tono: así, padeciendo Yrigoyen de un posible mal de las vías urinarias, el doctor Meabe, su médico de cabecera, se convertía en el doctor Meabene para adecuarlo a la cita siguiente que era la de un correligionario de la 3a Don Plácido Meo.
En realidad, para los que lo escribían no se trataba de otra cosa que de un recurso humorístico. Pero para el tilingo de entonces el fundamento más real, el que más invocaba, el que más jugaba, era ese de los "gringos", Y lo de "gringos" sólo jugaba para los descendientes de inmigrantes provenientes del Mediodía de Europa. No para los otros.
Pasó mucha agua bajo los puentes, y vino otro movimiento multitudinario: el de 1945. Ya los gringos se habían incorporado y su presencia política no lesionaba a la tilinguería, no sé si es porque de las nuevas promociones ascendentes habían salido también promociones de tilingos. Sólo así puede explicarse que un hijo de italianos -Sammartino- haya hablado despectivamente de los "negros" al referirse al "aluvión zoológico", en una caracterización evidentemente racial y peyorativa, cuando aún estaba fresca la tinta que lo había calificado a él también peyorativamente.
Que "el gringuito" de unos pocos años atrás se sienta vieja clase frente a los descendientes de los conquistadores en la confrontación de sus apellidos no revela simplemente que "el gringuito" se ha incorporado a la tilinguería. Lo grave es que se ha frustrado como guarango. Y la guaranguería es la espontaneidad de las nuevas clases, de las promociones que irrumpen con cada ascenso de la sociedad, porque los dos grandes movimientos populares del siglo -el de 1914-16 y el de 1943-45- han sido la expresión de eso: de ascensos masivos.
No corresponde aquí desentrañar las raíces económico-sociales de los dos hechos históricos; ni siquiera la coincidencia con las dos guerras mundiales que nos aislaron de los países arquetipos en una neutralidad intolerable para los tilingos, pero que dio las bases para una consolidación propia.
Usted puede hacer un fácil test. Yo lo he hecho.
Sé que un fulano se ha gastado 15 millones de pesos en un departamento de la Avenida del Libertador. Nos encontramos y le adivino la intención de informarme de su compra, como corresponde al guarango. Pero yo quiero saber si está frustrado como tal y lo madrugo diciéndole antes de que me dé la noticia:
-Estoy muy afligido por un amigo que se ha gastado más de 10 millones en un departamento de la Avenida del Libertador... -¿Y por qué se aflige? -me pregunta inquieto. Le contesto: -Y... porque la Avenida del Libertador no es "bien"... -Pero entonces..., ¿qué es "bien"? -pregunta desesperado. -"Bien" es de la plaza San Martín hasta la Recoleta, de Santa Fe al Bajo. Y dentro de ese radio. "bien", "muy bien", el codo aristocrático de Arroyo, como dice Mallea: Juncal, Guido, Parera. . .
Le veo en la cara al hombre que está desesperado. Y entonces, lo remato: -La Avenida del Libertador es como tener un leopardo de tapicería sobre el respaldo del asiento trasero del coche.
El leopardo lo tiró a la vuelta. Del departamento no sé.
Pienso que lo hecho es una crueldad, pero la investigación "científica" es así... cruel como la vivisección.
Yo quería saber si el hombre era un burgués con toda la barba o un tímido burguesito en camino de terminar en tilingo. El que es verdaderamente burgués sigue adelante, cumple su gusto, se realiza con la arrogancia del vencedor y compra en la Avenida del Libertador, precisamente porque es caro, porque acredita su victoria y la prestigia ante los burgueses. Si quiere barrio, compra; y si quiere apellido y mujer distinguida, compra también. Podría citar casos. Pero no se achica, se disminuye; no se acomoda a los esquemas y limitaciones de los tilingos.
De aquí que mientras en Europa y en Estados Unidos un banquero o un industrial miran a un ganadero como un "juntabosta", aquí el ganadero lo mira por arriba del hombro al empresario. Y el empresario, que quiere ser "bien", se ve obligado a comprar estancia, a tener cabaña -así sea de perros-, porque sólo por la Rural, y tal vez por el Kennel Club, puede lograr ascenso social que apetece.
Lógicamente esta burguesía, desde que imita a la vieja clase, se somete a todas sus normas y, por consecuencia, también en política. Ese sometimiento y esa adhesión a las viejas clases -incongruente económicamente- no sólo se ejerce verticalmente. También horizontalmente, cuando contemplamos la geografía social del país.
Así, los titulares de los intereses vitivinícolas de Cuyo y los tabacaleros, azucareros y fruticultores del Norte, que necesitan un mercado interno de alto poder de compra -es decir, que el Litoral desarrolle una política de alto nivel de vida-, están ligados políticamente a los conservadores del Litoral, gobernados por cabañeros e invernadores cuya tendencia es producir a bajo costo en un mercado de poco poder adquisitivo para cumplir la función asignada en la división internacional del trabajo como abastecedores ultramarinos de las metrópolis.
Esta incongruencia es difícil de explicar, pero no son ajenos a ella el prestigio social del Litoral y la incapacidad burguesa de los del interior en los respectivos grupos patronales. Esta gente de Cuyo y del Norte es muchas veces portadora de apellidos españoles de abolengo arribeño, de mucho mayor cotización histórica que los abajeños del puerto. Pero queriendo asimilarse a la alta clase del puerto se han sometido a las normas políticas e ideológicas de los principales. De "bien" provincianos, quieren ser "bien" en la Capital. ¿Cómo extrañar entonces que los guarangos frustrados del Litoral se hagan tilingos, si la misma tilinguería la padecen muchos aristocráticos descendientes de la Conquista por el Perú?
La tilinguería cotiza una marca de vino, un tabaco, un pomelo, o una palta, muy por debajo de un toro lleno de medallas. Se entra muy bien en la alta sociedad llevando de la rienda al toro, pero es difícil mostrando una botella de vino por lujosa que sea la etiqueta, por más sugestiones de chateau que evoque, tanto en la presentación como en la exquisita calidad del producto.
A un cuarto de siglo de la entrada del país al capitalismo, debemos recordar que el capitalismo naciente en la Argentina fue ajeno en sus hombres al hecho histórico que lo provocaba, produciéndose la paradoja de que le correspondiese a la clase obrera abrir la etapa del desarrollo económico burgués. Más aún: la nueva burguesía sigue aún incapacitada para jugar su papel, y es precisamente porque en la medida que asciende, pierde conciencia de su propia realidad para hacer suya la imagen de importancia que le presenta el tilingo. Se queda en el "medio pelo" y, rechazando el triunfo burgués, se adecúa al remedo, a la imitación de la alta clase con la que cree tomar contacto cuando se acomoda a la imagen de alta sociedad que le brindan los declasados.
Hubo un tiempo en que los venidos a menos económica y socialmente se jactaban de ser un pequeño sector domiciliado en el "Palacio de los Patos" de la calle Ugarteche. Ahora se han multiplicado. desde detrás de la Recoleta hasta San Fernando, a lo largo de las vías del Central Argentino. (Lo designo así porque la nueva nominación ferroviaria es completamente tilinga, aunque la hayan hecho los guarangos, lo que prueba que, en esta materia, todos tenemos tejado de vidrio.)
Landrú ha identificado perfectamente los personajes describiendo en el "gordi" y el "mersa" la oposición tilinguería-guaranguería. El botellero próspero, con su Valiant resplandeciente, es feliz echándole soda al vino de marca, ocupando las mesas de los restaurantes caros, hablando fuerte de lo que dijo-"su señora", mientras "cena".
Está en el camino de constituir una burguesía. Todavía no tiene conciencia de que constituye un sector de la sociedad correspondiente a una etapa de la economía, y no ha alcanzado a comprender la correspondencia de sus intereses personales con los intereses de su grupo. Hijo de sus aptitudes capitalistas -aunque muchas veces también más de la inflación que de su capacidad, o de equívocas actividades comerciales-, está en el camino de constituir una burguesía. Pero en el momento de definirse como burgués y adquirir la psicología correspondiente, nota el contraste de sus gustos y normas con lo que es "bien".
Desde que se ha mudado al barrio Norte, desde Gerli o Quilmes, y la "señora" ha olvidado la batea deslumbrada por la máquina de lavar, ha hecho nuevos contactos que le dan la idea de una meta social que tiene que alcanzar. Comienza él también a añorar la época en que "el servicio daba gusto" y en que el obrero -el "negro"- se mantenía "donde debe estar". Olvida de inmediato que es precisamente ese cambio el padre de su prosperidad y de su posibilidad de acceso a niveles más altos. Más aún. que el mantenimiento de ese cambio y su profundización es su única garantía. Quiere dejar de ser "mersa" y sólo logra ser "gordi". E inmediatamente tiene el complejo político del "gordi", a quien comienza a imitar.
Y comienza a imitar a una imitación, tomando por modelo las malas copias. Porque la tilinguería constituida por las "gordis" no es ni remotamente la alta clase a la que cree aproximarse.
Desde la época en que los declasados se refugiaban en la calle Ugarteche, todo el "Norte" liminar se ha llenado de falsos declasados. Se ha constituido un sector social entero que vive en la convención de que "todo tiempo pasado fue mejor" en aquella "Jauja" retrospectiva -"cuando la tía Leonor tenía Lando"-; de miles de familias que se aterran al recuerdo de un ascendiente que figuró algo en la segunda y la tercera línea de los amanuenses de la oligarquía, Descendientes de militares -un oficio generalmente despreciado por la alta clase-, de secretarios de juzgados, directores de oficinas, bancarios pueblerinos y hasta de conscriptos de Curu-malal, se han construido imaginativamente un pasado señoril que tratan de revivir en una vida forzada que absorbe casi todos sus recursos en gastos de representación.
Revista Confirmado
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2020.07.28 03:06 Otro_engranaje El amor, con etiquetas.

¡Buenas comunidad!
En esta ocasión traigo para compartirles un breve ensayo que elaboré en estos días sobre la cuestión del amor y su mercantilización en redes sociales estilo Tinder, Badoo, y otras tantas. Les dejaré el link a mi blog, si les place para leerlo con mayor comodidad, y también dejaré el ensayo por este medio. Sin más preámbulos, el ensayo...

El amor, con etiquetas.
No es un nuevo decir que “el amor”, en el transcurso del siglo XXI, ha tomado en las sociedades modernas un rumbo completamente diferente al que seguían los compromisos tradicionales. Tampoco es nuevo el decir que el “amor” (en comillas, pues deberíamos definir qué es amor) se transformó en una mercancía más en el momento que fue acaparado por el “espectáculo”.
Cuando Guy Debord (filósofo situacionista) escribía en los 60’ que “el espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes”[1], no creo que haya imaginado que las mismas personas fuesen las que configurasen su propia imagen para utilizarla como un medio de relacionarse socialmente o, por lo menos, no con la misma eficiencia con la que hoy lo hacemos. Y es que, en su gran mayoría, las webs y apps de citas por internet son fundamentalmente eso: la mercantilización del amor, la cosificación de nuestra imagen como individuos. Y, parafraseando a Bauman, las relaciones tienden a ser “líquidas”, débiles e implican poca responsabilidad. Es cuestión de satisfacer un deseo o una apetencia, por eso no implica realmente una relación “amorosa”, no implica un “nosotros”. Las palabras del filósofo, sociólogo y ensayista son crudas, pero de una verosimilitud considerable con la realidad:
El deseo es aquí el deseo de consumir […]. El deseo es un impulso dirigido a despojar a la alteridad de su otredad y, de paso, de su poder. De tanto ser probada, explorada, conocida hasta la familiaridad y domesticada, la alteridad sale con el aguijón de la tentación extirpado y roto... sí sobrevive al tratamiento, claro está. Pero lo más probable es que, en el proceso, sus restos no digeridos terminen cayendo del ámbito de los productos consumibles al de los desechos.[2]
El miedo a la responsabilidad es evidente, y el lenguaje hace una manifestación empírica de ello. Los llamados “vínculos sexo-afectivos” manifiestan esta cosificación, aunque el término en sí sea utilizado para “no poner al otro en el lugar de objeto de un vínculo”[3], cuando el proceso mediante el cual uno selecciona estos vínculos es comparable al de ver un catálogo de ropa en línea:
¿Cómo hacer para generar un "match" que sea compatible con lo que buscás? Lo mejor es ser específico en las búsquedas. "Vamos buscando gente afín, yo tengo mis claves, políticas y feministas, y esto me sirve de filtro para las personas que agrego.[4]
La anterior declaración de una usuaria de la app Tinder deja en claro el proceso. Basta con seleccionar filtros para encontrar lo que más se adecua a lo que uno desea del otro. Todo aquel que no cumpla los requisitos que cada uno o cada una impone en su búsqueda, será invisibilizado por un algoritmo que “filtra” aquellos perfiles que no nos gustan o no nos interesan.
La “ley de Mirtha.”
Mirtha Legrand, la “Chiqui”, conductora de televisión argentina de antaño, forjaría sin saber el precepto que este tipo de redes sociales readapta a su estructura de funcionamiento: “Cómo te ven, te tratan…” y si te ven mal no hace falta el maltrato, alcanza con hacer un “click” o un movimiento del dedo (dependiendo de si se usa una computadora o un smarthphone) e indicarle a la aplicación que no nos interesa el perfil que se nos presenta en la pantalla.
Refiriéndose al “sexting” (o “sexo virtual”), una experta en salud sexual señala:
“… tener en cuenta que nuestras imágenes se deben enviar sin el rostro y sin ninguna seña particular que nos pueda reconocer […]. El riesgo que corremos es que nuestra imagen sea reenviada sin que estemos de acuerdo…” [5]
Si bien la autora informa sobre un peligro real y habitual en la cuestión de la divulgación de imágenes íntimas en la virtualidad, deja constancia de este empleo de la imagen como mero objeto de deseo, y la “cosa” sigue ahí, al punto que no podemos ni confiar por entero en nuestro “vínculo”, pero aun así necesitándolo para satisfacer nuestros apetitos sexuales.
Cuando Zygmunt Bauman habla sobre la “vida de consumo”, se refiere justamente a una sociedad donde todo debe ser necesariamente consumible, dónde nosotros mismos somos llamados a producirnos para nuestro posterior consumo:
Los colegiales y colegialas que exponen con avidez y entusiasmo sus atributos con la esperanza de llamar la atención y quizás ganar algo de ese reconocimiento y esa aprobación les permitiría seguir con el juego de la socialización; los clientes potenciales que necesitan expandir su nivel de gastos y límite crediticio para ganarse el derecho a un mejor servicio […].
Ellos son, simultáneamente, los promotores del producto y el producto que promueven.[6]
A modo similar, somos nosotros quienes construimos una imagen, un perfil que nos sirve como carta de presentación, al mismo tiempo que buscamos perfiles que cuadran con nuestros gustos y nuestras preferencias. Nos evitamos así la molestia de tener una experiencia “desagradable” con nuestro próximo “vínculo” a consumir.
En la web del diario La opinión de Murcia, una crónica nos brinda un ejemplo claro, en contexto de pandemia –que al mundo azota en este 2020–:
Mientras esperaba para volver desde el extranjero, Alicia se ilusionó con Paula. «Parecía que la cosa iba bien. En cuanto volví a España, quedamos. Era la fase 3». Alicia recuerda pasar una primera cita con las mascarillas puestas y miedo al contagio, pero «la distancia social no la mantuvimos». «Fue una cita agradable, pero no hemos vuelto a hablar», manifiesta Alicia, que recuerda que se había formado otra imagen de ella por sus fotos y mensajes y, finalmente, superó sus expectativas.[7]
En el momento en que la incongruencia entre la imagen y la realidad queda en manifiesto, la ilusión y el deseo se desvanece. El conocer al otro, el adentrarse en el otro, no juega un papel importante. Pero así es el acuerdo, casi tácito, entre los usuarios.
Cualquiera puede retrucar, en esta instancia, que lo de dar una “buena imagen” no es nuevo. Lo cual es bien cierto. El linaje, las riquezas, la gentileza “caballeresca” … eran así mismo una especie de carta de presentación en otros momentos de la historia. En el Decamerón de Bocaccio es factible de observar este tipo de estilo de “hombre” de la Alta edad Media, y asimismo prototipos de mujeres “ideales”. Pero se trataba de una sociedad más elitista y estrictamente jerarquizada, y no existía una “mercantilización” de la imagen como la que hoy tenemos, ni tampoco una producción tan generalizada de nuestra propia imagen. Lo que vivimos hoy es una especialización técnica y masiva de autoproducción y consumo de experiencias, donde ya ni siquiera buscamos el amor, sino la satisfacción; donde no queremos asumir compromisos, sino consumir hasta que el producto se agote.
La imposición silenciosa de una imagen hegemónica.
No se puede oponer, abstractamente, el espectáculo y la actividad social efectiva; este desdoblamiento se encuentra él mismo desdoblado. El espectáculo que invierte lo real es efectivamente producido. Al mismo tiempo, la realidad vivida se encuentra materialmente invadida por la contemplación del espectáculo, y retoma en sí misma el orden espectacular dándole una adhesión positiva. De los dos lados la realidad objetiva está presente. Cada noción así fijada no tiene como fondo más que su pasaje a lo opuesto: la realidad surge en el espectáculo, y el espectáculo es real. Esta alienación recíproca es la esencia y el sostén de la sociedad existente.[8]
No solo nos producimos a nosotros mismos para nuestro posterior consumo, así como buscamos un perfil que nos resulte “deseable” o que sea de nuestro agrado. Necesitamos un modelo. Necesitamos saber cómo ser “lindos”, “apuestos”, “atractivos”. Precisamos construir una imagen que atraiga a más compradores y/o compradoras, con el menor margen de error posible. Aquí es donde aparece el espectáculo como “la afirmación de la apariencia y la afirmación de toda vida humana, es decir social, como simple apariencia.” [9] La relativa facilidad contemporánea de acceder a los medios masivos de información y del espectáculo hacen factible esta imposición de una imagen hegemónica[10], tanto para el hombre como la mujer, a la que el gran público tiende a aspirar. Y, a veces incluso sin saberlo, reproducimos esta imagen de lo “bello”, de lo “atractivo”, de lo “sensual”, en un intento voraz por agradar y por producirnos. Así mismo, cuando buscamos en las redes de citas virtuales nuestra “pareja”, las primeras impresiones nos entran directamente por los ojos, pero no solo por los ojos, sino que también penetran en esa estructura espectacular de lo “bello” que hemos incorporado, que se a introducido, justamente, de manera silenciosa.
El caso del cuerpo femenino es fácil de observar, sobre todo con el auge de los y las influencers.[11] Una de estas figuras hegemónicas que se instala y que sin saber se anhela es, por ejemplo, en Argentina, la de Maria Sol Pérez, o Sol Perez. El volumen y las curvas de su cuerpo vienen a representar la figura de lo sensual[12]. Se sigue así, entonces, que la mujer cuya figura más se asemeje a la de la influencer, será más atractiva. Eso se aspira tener (en el caso del consumidoa) y eso se busca ofrecer (en el caso de quién se produce).
¿El fin del amor?
Si bien lo anteriormente expuesto es evidencia explícita de la mercantilización de nuestra figura y nuestra imagen, así como del consumo del otro como si de un producto más se tratase para la satisfacción de algún apetito nuestro, todo este panorama no es ni por lejos una ley “universal” (aunque tienda a ser la “norma”)
Las relaciones amorosas de este siglo, concretadas mediante un proceso completamente comparable al de ir a un supermercado o al de hacer compras en línea, se articulan a través de una estructura, por así decirlo, de mercado. Lo que no quita que uno no pueda encontrar el amor a través de ellas. Pero debemos cuestionarnos: ¿Cuándo gana la aplicación?, ¿cuándo encontramos “el amor”, o cuándo nos vemos forzados a recurrir a ella una y otra vez por nuestras relaciones “fallidas”?
Antes de finalizar este breve ensayo, me permito dar una concepción más profunda sobre el amor, del ya citado libro de Zygmunt Bauman:
[…] no es en el anhelo de cosas ya elaboradas, completas y terminadas donde el amor halla su sentido, sino en el ansia por participar en el engendramiento de tales cosas. El amor es análogo a la trascendencia; no es más que otro modo de llamar al impulso creador y, como tal, está preñado de riesgos, pues ninguna creación sabe con certeza en qué irá a dar.[13]
El amor seguirá existiendo. Solo basta distinguirlo y no sucumbir ante lo efímero de la mera imagen.

[1] Debord, G. (1967): La sociedad del espectáculo. Ediciones naufragio. (p.9) En línea: http://criticasocial.cl/pdflibro/sociedadespec.pdf
[2] Bauman, Z. (2003): Amor líquido. Paidós. España. Barcelona. (p.27)
[3] (18-08-2019): “´Salgo con mi vínculo´: el nuevo vocabulario de las relaciones de hoy”. Clarín, Entremujeres, Edición virtual en línea: https://www.clarin.com/pareja/-salgo-vinculo-nuevo-vocabulario-relaciones-hoy\_0\_f\_hAm1RNY.html
[4] (17-05-2019): “Apps de citas: lo que buscamos, lo que nos ilusiona, ¡lo que nos espanta!”. Clarín, Entremujeres, Edición virtual en línea: https://www.clarin.com/entremujeres/pareja/apps-citas-gusta-ilusiona-espanta\_0\_5UuqHXRUo.html
[5] Zilberman, D. (26-07-20): “No podemos dejar de lado la sexualidad”, Página 12, Sociedad. Edición impresa, p.21.
[6] Bauman, Z. (2007): Vida de consumo. (p.13) Ebook. En línea: https://www.lectulandia.co/book/vida-de-consumo/
[7] Mar Ibáñez León (25-07-2020): “Noviazgos por Tinder durante el confinamiento”. La opinión de Murcia. En línea: https://www.laopiniondemurcia.es/cultura-sociedad/2020/07/26/noviazgos-virtuales/1132149.html
[8] Debord, G. op. Cit., p.10
[9] Debord, G. op. Cit., p.10
[10] Se habla de “hegemonía” cuando hay un dominio o superioridad de una entidad sobre otras “de igual tipo”. (Wikipedia. Wiki: “Hegemonía”. En línea: https://es.wikipedia.org/wiki/Hegemon%C3%ADa)
[11] Según Wikipedia: “El marketing de influencia, o mercadotecnia influyente, es una forma de publicidad que ha surgido a partir de una variedad de prácticas y estudios recientes, enfocada más a los individuos que al mercado objetivo en su conjunto. Identifica a las personas que tienen influencia (comúnmente llamados influencers) sobre los compradores potenciales y las actividades de mercadotecnia orientadas en torno a estas personas influyentes.” (Wikipedia. Wiki: Mercadotecnia influyente. En línea: https://es.wikipedia.org/wiki/Mercadotecnia\_influyente)
[12] (18-08-2018): “Sol Pérez derritió Instagram con un sensual topless ¿y moretones?”. Los Andes. En línea: https://www.losandes.com.asol-perez-derritio-instagram-con-un-sensual-topless-y-moretones/
[13] Bauman, Z. op. Cit., p.24
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2017.07.01 23:15 topoeta Un clasico

Tilingos
Por Arturo Jauretche
CONFIRMADO me propuso este tema. Pensé entonces que era la oportunidad para ofrecer una respuesta, entre las muchas que pueden articularse, a un interrogante que plantea José Luis de Imaz en Los que mandan; "¿Por qué, no obstante su peso económico, su rol en la modernización, y haber sido innovadores tecnológicos, los empresarios no pesan en la vida del país?".
O pesan al revés. Este es el caso de ciertos tipos de grupos económicos capitalistas, adscriptos a la política de la Sociedad Rural, ya consolidados dentro del viejo sistema agro-importador, que prefieren un mercado interno pobre en condiciones de monopolio a un mercado en crecimiento en condiciones de competencia, como los que apoyaron la política de contención del progreso en las Juntas Reguladoras de la Década Infame. Sólo que éstos sí saben lo que quieren.
Pero no voy a hablar de economía, sino del tema propuesto; de la forma en que la tilinguería impone sus pautas, y cómo ellas están perturbando el desarrollo de la inteligencia nacional y sus impulsos creadores.
Y ésta es cosa de que debe tomar cuenta también el político militante, si es que no sabe que el comité ha muerto definitivamente. Porque los estados de opinión, entre los cuales tiene importancia fundamental el slogan que surge de la cuestión de los status, pesan mucho más que una recluta que sólo vale para las elecciones internas.
En el Espasa Calpe se lee tilingo: "Argentinismo: Insustancial, ligero, que habla muchas tonterías". Segovia, en su Diccionario de Argentinismo", expresa: "Dícese de la persona simple y ligera que suele hablar muchas tonterías".
Los paisanos, de un tipo así, dicen; "Hombre sin fundamento".
Don Hipólito -desde luego, Yrigoyen es el Hipólito por antonomasia- decía "palangana". Supongo a esta expresión tradicional y fundada en la poca cosa y mucho ruido de la enlosada al caer retumbante.
Usted lo conoce al tilingo. Y si no lo conoce, ahí lo tiene al lado, en esta mesa de un café céntrico donde se han sentado cuatro o cinco tipos con portafolios. Algún día habrá que escribir la historia del hombre del portafolio. Hubo la etapa de la posguerra con los "ingenieri" italianos recién llegados que escondían bajo el cuero -con una sugestión de planos y patentes de invención- el sandwich de milanesa del almuerzo. Ahora es posible que el portafolio contenga la cuarenta y cinco persuasiva, o la concluyente tartamuda portátil.
Pero esos que están en la mesa de al lado sólo llevan allí sueños, proyectos, hipotéticas transacciones. Andan a la búsqueda de enganchar algo, intermediar en alguna operación cualquiera para ganar una comisión, y muchas veces intermediando entre intermediarios. Generalmente se ayudan con el teléfono de un amigo que tiene escritorio y al que han pedido permiso para que les "dejen dicho". Ese teléfono, la mesa del café y el portafolio constituyen su establecimiento comercial.
Mientras llega "el asunto*', hablan de fútbol, de carreras, de política, de economía.
Cuando tocan estos dos temas últimos, nunca faltará quien diga: "Lo que pasa es que los obreros no producen". Ahí está el tilingo. No se le ha ocurrido averiguar qué es lo que él produce y qué producen todos ellos, puntas sueltas, mallas erradas en la enorme red de intermediación que es Buenos Aires.
Que un tipo que no produce diga, en una reunión de tipos que no producen, que no producen los únicos que producen algo, es tilinguería. En esto de producir, tenemos muchos productores rurales por el estilo que creen que la condición de productor la da la propiedad de una estancia, unos breeches y unas botas de polo, que viven en la ciudad -"porque mi señora dice que hay que educar a los chicos"- y dan una vuelta por el campo cada quince días. Productores rurales son los que trabajan y producen en el campo, que pueden ser patrones o peones, pero no los que no intervienen en la producción sino como propietarios, y que son rentistas aunque no arrienden. Estos también son de los que dicen que los "obreros" no producen. Y ya no desde la posición marginal del tipo del portafolio, sino empinándose como "fuerza viva" sobre la que descansa la economía del país.
Inevitablemente, éstos y otros representantes de la tilinguería son los que, ante la menor dificultad, califican al país: "Este país . de m...", colocándose fuera del mistao a los efectos de la adjetivación. Y la verdad es que el país lo único que tiene de eso son ellos: los tilingos.
El racismo es otra forma frecuente de la tilinguería.
La tilinguería racista no es de ahora y tiene la tradición histórica de todo el liberalismo. Su padre más conocido es Sarmiento, y ese racismo está contenido implícitamente en el pueril dilema de "civilización y barbarie". Todo lo respetable es del Norte de Europa, y lo intolerable, español o americano, mayormente si mestizo. De allí la imagen del mundo distribuido por la enseñanza y todos los medios de formación de la inteligencia que han manejado la superestructura cultural del país.
Recuerdo que cuando cayó Frondizi, uno de esos tilingos racistas me dijo, en medio de su euforia: -¡Por fin cayó el italiano! Se quedó un poco perplejo cuando yo le contesté: -¡Sí!, lo volteó Poggi.
Muchos estábamos enfrentados a Frondizi; pero es bueno que no nos confundan con estos otros que al margen de la realidad argentina, tan italiana en el presidente como en el general que lo volteó, sólo se guiaban por los esquemas de su tilinguería.
Ernesto Sábato, con buen humor, pero tal vez respirando por la herida, ha dicho en Sobre héroes y tumbas más o menos lo siguiente: "Más vale descender de un chanchero de Bayona llamado Vignau, que de un profesor de filosofía napolitano". La cita me chocó en mi trasfondo tilingo (fui a la misma escuela y leí la misma literatura) porque tengo una abuela bearnesa también Vignau, tal vez más que por lo de Bayona, por lo de chanchero (vuelvo a recordar que fui a la misma escuela, etcétera).
La verdad que ni el presidente ni el general son italianos. Simplemente son argentinos de esta Argentina real que los liberales apuraron cortando las raíces.
Pero la idea liberal o sarmientina no era ésa. Ella tenía, y tiene, una escala de valores raciales que se identifican por los apellidos cuando son extranjeros. Arriba están los nórdicos -con escandinavos, anglosajones y germánicos-; después siguen los franceses; y después los bearneses y los vascos; más abajo los españoles y los italianos, y al último, muy lejos, los turcos y los judíos. Cuando yo era chiquilín nunca oí nombrar a un inglés -que generalmente era irlandés, pero la diferencia era muy sutil para entonces- sin decir "Don", aunque estuviera "mamao hasta las patas". El francés, a veces, ligaba el Don; y en ocasiones, el vasco. Jamás el español, que era "gallego de...", lo mismo que el italiano "gringo de...". ¡Para qué hablar del turco y del ruso.'
En La condición del extranjero en América, Sarmiento parece revisar sus tesis sobre la inmigración. Pero no nos engañemos: se sintió defraudado por la misma porque vino del Mediodía de Europa. El hubiera querido una inmigración de arquetipos, y los arquetipos son los que estaban en lo alto de su escalera antiamericana y antiespañola.
Afortunadamente fracasó, y eso es lo que nos ha salvado como nación. En algún lugar he recordado las palabras de Hornero Manzi cuando me dijo: -Lo que nos ha salvado es la actitud del italiano y el turco, que en lugar de proponerse como arquetipos, propusieron como tal al gaucho; así, en el ridículo del cocoliche se nacionalizaron en lugar de desnacionalizarnos. Sólo falta imaginar lo que hubiera ocurrido si las pampas y las aldeas se hubieran poblado de los ejemplares arquetipos deseados por ese racismo, con la actitud de obsecuencia de las generaciones liberales para todo lo foráneo.
Ya se ha dicho que esa tilinguería racista viene de lejos.
Pero se acentúa cuando se producen cambios sociales. Entonces, la tilinguería se exacerba en una peyorativa actitud racista. Pasó con el acceso al poder del radicalismo. Los tilingos de entonces cargaron el acento sobre los apellidos italianos de la nueva promoción política suscitada con el ascenso de la clase media: la pequeña burguesía inmigratoria y los doctores de primera napa nacional.
La oposición conservadora adoptó un aire peyorativo que se tradujo en toda una literatura política, que fue del periódico -La Mañana y La Fronda, sucesivamente, fueron sus expresiones más calificadas- hasta el discurso parlamentario. Se jugaba, por ejemplo, con la equívoca significación de algunos apellidos; así, la triple fórmula Coulom-Coulin-Culacciatti, que integraba, con la igual finalidad peyorativa hacia los criollos desconocidos, don Julio del C. Moreno -un personaje riojano- completaba el ridículo en la imagen anal. Hasta cuando el apellido era patricio se lo modificaba para ponerlo a tono: así, padeciendo Yrigoyen de un posible mal de las vías urinarias, el doctor Meabe, su médico de cabecera, se convertía en el doctor Meabene para adecuarlo a la cita siguiente que era la de un correligionario de la 3a Don Plácido Meo.
En realidad, para los que lo escribían no se trataba de otra cosa que de un recurso humorístico. Pero para el tilingo de entonces el fundamento más real, el que más invocaba, el que más jugaba, era ese de los "gringos", Y lo de "gringos" sólo jugaba para los descendientes de inmigrantes provenientes del Mediodía de Europa. No para los otros.
Pasó mucha agua bajo los puentes, y vino otro movimiento multitudinario: el de 1945. Ya los gringos se habían incorporado y su presencia política no lesionaba a la tilinguería, no sé si es porque de las nuevas promociones ascendentes habían salido también promociones de tilingos. Sólo así puede explicarse que un hijo de italianos -Sammartino- haya hablado despectivamente de los "negros" al referirse al "aluvión zoológico", en una caracterización evidentemente racial y peyorativa, cuando aún estaba fresca la tinta que lo había calificado a él también peyorativamente.
Que "el gringuito" de unos pocos años atrás se sienta vieja clase frente a los descendientes de los conquistadores en la confrontación de sus apellidos no revela simplemente que "el gringuito" se ha incorporado a la tilinguería. Lo grave es que se ha frustrado como guarango. Y la guaranguería es la espontaneidad de las nuevas clases, de las promociones que irrumpen con cada ascenso de la sociedad, porque los dos grandes movimientos populares del siglo -el de 1914-16 y el de 1943-45- han sido la expresión de eso: de ascensos masivos.
No corresponde aquí desentrañar las raíces económico-sociales de los dos hechos históricos; ni siquiera la coincidencia con las dos guerras mundiales que nos aislaron de los países arquetipos en una neutralidad intolerable para los tilingos, pero que dio las bases para una consolidación propia.
Usted puede hacer un fácil test. Yo lo he hecho.
Sé que un fulano se ha gastado 15 millones de pesos en un departamento de la Avenida del Libertador. Nos encontramos y le adivino la intención de informarme de su compra, como corresponde al guarango. Pero yo quiero saber si está frustrado como tal y lo madrugo diciéndole antes de que me dé la noticia:
-Estoy muy afligido por un amigo que se ha gastado más de 10 millones en un departamento de la Avenida del Libertador... -¿Y por qué se aflige? -me pregunta inquieto. Le contesto: -Y... porque la Avenida del Libertador no es "bien"... -Pero entonces..., ¿qué es "bien"? -pregunta desesperado. -"Bien" es de la plaza San Martín hasta la Recoleta, de Santa Fe al Bajo. Y dentro de ese radio. "bien", "muy bien", el codo aristocrático de Arroyo, como dice Mallea: Juncal, Guido, Parera. . .
Le veo en la cara al hombre que está desesperado. Y entonces, lo remato: -La Avenida del Libertador es como tener un leopardo de tapicería sobre el respaldo del asiento trasero del coche.
El leopardo lo tiró a la vuelta. Del departamento no sé.
Pienso que lo hecho es una crueldad, pero la investigación "científica" es así... cruel como la vivisección.
Yo quería saber si el hombre era un burgués con toda la barba o un tímido burguesito en camino de terminar en tilingo. El que es verdaderamente burgués sigue adelante, cumple su gusto, se realiza con la arrogancia del vencedor y compra en la Avenida del Libertador, precisamente porque es caro, porque acredita su victoria y la prestigia ante los burgueses. Si quiere barrio, compra; y si quiere apellido y mujer distinguida, compra también. Podría citar casos. Pero no se achica, se disminuye; no se acomoda a los esquemas y limitaciones de los tilingos.
De aquí que mientras en Europa y en Estados Unidos un banquero o un industrial miran a un ganadero como un "juntabosta", aquí el ganadero lo mira por arriba del hombro al empresario. Y el empresario, que quiere ser "bien", se ve obligado a comprar estancia, a tener cabaña -así sea de perros-, porque sólo por la Rural, y tal vez por el Kennel Club, puede lograr ascenso social que apetece.
Lógicamente esta burguesía, desde que imita a la vieja clase, se somete a todas sus normas y, por consecuencia, también en política. Ese sometimiento y esa adhesión a las viejas clases -incongruente económicamente- no sólo se ejerce verticalmente. También horizontalmente, cuando contemplamos la geografía social del país.
Así, los titulares de los intereses vitivinícolas de Cuyo y los tabacaleros, azucareros y fruticultores del Norte, que necesitan un mercado interno de alto poder de compra -es decir, que el Litoral desarrolle una política de alto nivel de vida-, están ligados políticamente a los conservadores del Litoral, gobernados por cabañeros e invernadores cuya tendencia es producir a bajo costo en un mercado de poco poder adquisitivo para cumplir la función asignada en la división internacional del trabajo como abastecedores ultramarinos de las metrópolis.
Esta incongruencia es difícil de explicar, pero no son ajenos a ella el prestigio social del Litoral y la incapacidad burguesa de los del interior en los respectivos grupos patronales. Esta gente de Cuyo y del Norte es muchas veces portadora de apellidos españoles de abolengo arribeño, de mucho mayor cotización histórica que los abajeños del puerto. Pero queriendo asimilarse a la alta clase del puerto se han sometido a las normas políticas e ideológicas de los principales. De "bien" provincianos, quieren ser "bien" en la Capital. ¿Cómo extrañar entonces que los guarangos frustrados del Litoral se hagan tilingos, si la misma tilinguería la padecen muchos aristocráticos descendientes de la Conquista por el Perú?
La tilinguería cotiza una marca de vino, un tabaco, un pomelo, o una palta, muy por debajo de un toro lleno de medallas. Se entra muy bien en la alta sociedad llevando de la rienda al toro, pero es difícil mostrando una botella de vino por lujosa que sea la etiqueta, por más sugestiones de chateau que evoque, tanto en la presentación como en la exquisita calidad del producto.
A un cuarto de siglo de la entrada del país al capitalismo, debemos recordar que el capitalismo naciente en la Argentina fue ajeno en sus hombres al hecho histórico que lo provocaba, produciéndose la paradoja de que le correspondiese a la clase obrera abrir la etapa del desarrollo económico burgués. Más aún: la nueva burguesía sigue aún incapacitada para jugar su papel, y es precisamente porque en la medida que asciende, pierde conciencia de su propia realidad para hacer suya la imagen de importancia que le presenta el tilingo. Se queda en el "medio pelo" y, rechazando el triunfo burgués, se adecúa al remedo, a la imitación de la alta clase con la que cree tomar contacto cuando se acomoda a la imagen de alta sociedad que le brindan los declasados.
Hubo un tiempo en que los venidos a menos económica y socialmente se jactaban de ser un pequeño sector domiciliado en el "Palacio de los Patos" de la calle Ugarteche. Ahora se han multiplicado. desde detrás de la Recoleta hasta San Fernando, a lo largo de las vías del Central Argentino. (Lo designo así porque la nueva nominación ferroviaria es completamente tilinga, aunque la hayan hecho los guarangos, lo que prueba que, en esta materia, todos tenemos tejado de vidrio.)
Landrú ha identificado perfectamente los personajes describiendo en el "gordi" y el "mersa" la oposición tilinguería-guaranguería. El botellero próspero, con su Valiant resplandeciente, es feliz echándole soda al vino de marca, ocupando las mesas de los restaurantes caros, hablando fuerte de lo que dijo-"su señora", mientras "cena".
Está en el camino de constituir una burguesía. Todavía no tiene conciencia de que constituye un sector de la sociedad correspondiente a una etapa de la economía, y no ha alcanzado a comprender la correspondencia de sus intereses personales con los intereses de su grupo. Hijo de sus aptitudes capitalistas -aunque muchas veces también más de la inflación que de su capacidad, o de equívocas actividades comerciales-, está en el camino de constituir una burguesía. Pero en el momento de definirse como burgués y adquirir la psicología correspondiente, nota el contraste de sus gustos y normas con lo que es "bien".
Desde que se ha mudado al barrio Norte, desde Gerli o Quilmes, y la "señora" ha olvidado la batea deslumbrada por la máquina de lavar, ha hecho nuevos contactos que le dan la idea de una meta social que tiene que alcanzar. Comienza él también a añorar la época en que "el servicio daba gusto" y en que el obrero -el "negro"- se mantenía "donde debe estar". Olvida de inmediato que es precisamente ese cambio el padre de su prosperidad y de su posibilidad de acceso a niveles más altos. Más aún. que el mantenimiento de ese cambio y su profundización es su única garantía. Quiere dejar de ser "mersa" y sólo logra ser "gordi". E inmediatamente tiene el complejo político del "gordi", a quien comienza a imitar.
Y comienza a imitar a una imitación, tomando por modelo las malas copias. Porque la tilinguería constituida por las "gordis" no es ni remotamente la alta clase a la que cree aproximarse.
Desde la época en que los declasados se refugiaban en la calle Ugarteche, todo el "Norte" liminar se ha llenado de falsos declasados. Se ha constituido un sector social entero que vive en la convención de que "todo tiempo pasado fue mejor" en aquella "Jauja" retrospectiva -"cuando la tía Leonor tenía Lando"-; de miles de familias que se aterran al recuerdo de un ascendiente que figuró algo en la segunda y la tercera línea de los amanuenses de la oligarquía, Descendientes de militares -un oficio generalmente despreciado por la alta clase-, de secretarios de juzgados, directores de oficinas, bancarios pueblerinos y hasta de conscriptos de Curu-malal, se han construido imaginativamente un pasado señoril que tratan de revivir en una vida forzada que absorbe casi todos sus recursos en gastos de representación.
Revista Confirmado
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2016.01.07 20:35 Confidencial LAS MAFIAS IMPERIALISTAS FALSIFICAN EL ISLAM

Desde el principio de ésta religión como de otras, las mafias opresivas han falsificado la creencia de las religiones que han sido constituidas con el fin de liberar la humanidad de la esclavitud y la opresión impuesta por el imperialismo opresor, también para evitar las peleas y muertes entre los humanos. Esto ha sucedido con las orientales, pero también con las occidentales como la judaica, la cristiana y la Islámica. Cambiando la fe han conseguido someter a la humanidad bajo el yugo de los opresores, creando confusión, división, fanatismo, esclavitud, enfrentamientos y guerras. Todo lo contrario para lo que han sido creadas.
Actualmente hablan de unir todas las religiones, pero es para que sigan al servicio del imperialismo y no se liberen, si verdaderamente quieren unirlas solo tienen que volver a los principios eliminando todas las mentiras que han introducido y ponerlas al servicio de la paz, de la verdadera justicia social, de las clases más desfavorecidas y de los derechos humanos que han sido para lo que han sido creadas y no usarlas para seguir utilizándolas para servicio de hombres opresores, creando división, manipulación, esclavitud y enfrentamiento.
Este es el ejemplo de una de las más grandes y más recientes.
LA HISTORIA DEL ISLAM
Islam... el camino a Dios por sumisión
[Arte: caracteres árabes]
 ¡“En el nombre de Dios [árabe: Allah, Alá], el Compasivo, el Misericordioso!” Esa es la traducción del versículo del Corán citado arriba. Después vienen las siguientes expresiones: “Alabado sea Dios, Señor del universo, el Compasivo, el Misericordioso, Soberano del día del Juicio. A Ti solo servimos y a Ti solo imploramos ayuda. Dirígenos por la vía recta, la vía de los que Tú has agraciado, no de los que han incurrido en la ira, ni de los extraviados” (El Corán, sura 1:1-7). 
2 Estas palabras forman al-Fátihah (el “Exordio”; literalmente: “La que abre”), el primer capítulo o sura del libro sagrado musulmán, el Corán. Puesto que de cada seis personas de la población del mundo más de una es musulmana, y los musulmanes devotos repiten estos versículos por lo menos cinco veces en sus oraciones diarias, estas palabras tienen que estar entre las más recitadas de la Tierra.
3 Según una fuente, hay más de 900.000.000 de musulmanes en el mundo, lo cual hace que solo la cristiandad sobrepase al islam en la cantidad de miembros. Quizás sea la religión de más rápido crecimiento entre las principales del mundo, una que sigue extendiéndose en África y en el mundo occidental.
4 El nombre islam es significativo para el musulmán, porque quiere decir “sumisión”, “sometimiento” o “rendición” a Alá [Dios]. Según un historiador, “expresa la actitud más íntima de los que han escuchado la predicación de Mahoma”. “Musulmán” significa ‘uno que cumple o practica islam’.
5 Los musulmanes creen que su fe es la culminación de las revelaciones dadas a los hebreos y cristianos fieles de la antigüedad. Sin embargo, sus enseñanzas difieren de las de la Biblia en algunos puntos, aunque en el Corán hay referencias tanto a las Escrituras Hebreas como a las Escrituras Griegas. Para entender mejor la fe musulmana tenemos que saber cómo, dónde y cuándo empezó.
“Corán” o “Alcorán” significa “Recitación”. Debe señalarse que el idioma original del Corán es el árabe. A menos que se indique lo contrario, las citas que damos aquí están tomadas de la traducción del Corán al español por Julio Cortés; el primer número representa el capítulo o sura (azora), y el segundo es el número del versículo o aleya.
El Corán y la Biblia
“Él te ha revelado la Escritura con la Verdad, en confirmación de los mensajes anteriores. Él ha revelado la Tora [Los cinco libros de Moisés] y el Evangelio antes, como dirección para los hombres, y ha revelado el Criterio.”—Sura 3:3, 4.
“Casi todas las narraciones históricas del Corán tienen sus paralelos bíblicos. Entre los personajes del Antiguo Testamento figuran prominentemente Adán, Noé, Abrahán (mencionado unas 70 veces en 25 diferentes suras, con su nombre como título para el sura 14), Ismael, Lot, José (a quien se dedica el sura 12), Moisés (cuyo nombre aparece en 34 diferentes suras), Saúl, David, Salomón, Elías, Job y Jonás (cuyo nombre lleva el sura 10). La historia de la creación y caída de Adán se menciona cinco veces; el diluvio, ocho; y Sodoma, ocho. En realidad, el Corán manifiesta más paralelismo con el Pentateuco [los cinco libros de Moisés] que con cualquier otra parte de la Biblia.
”De los personajes del Nuevo Testamento solo se hace referencia a Zacarías, Juan el Bautista, Jesús (Isa) y María. ”Un estudio comparado de las narraciones coránicas y bíblicas, no revela ninguna dependencia verbal [ninguna cita directa].”—History of the Arabs (Historia de los árabes).
Sin embargo, véase el párrafo 30, sobre Sura 21:105.
Mahoma recibe su llamamiento
6 Mahoma (Muhammad) nació en La Meca (árabe: Makkah), Arabia Saudí, alrededor de 570 Era Cristiana. Su padre, Abdallah, murió antes de que Mahoma naciera. Su madre, Amina, murió cuando Mahoma tenía unos seis años de edad. En aquel tiempo los árabes practicaban una forma de adoración de Alá que tenía como centro el valle de La Meca, en el lugar sagrado de la Caaba, un edificio sencillo de forma cúbica donde se veneraba un meteorito negro. Según la tradición islámica, “la Caaba fue construida originalmente por Adán en conformidad con un prototipo celestial y después del Diluvio fue reconstruida por Abrahán e Ismael” (History of the Arabs [Historia de los árabes], por Philip K. Hitti). Llegó a ser un santuario donde había 360 ídolos, uno por cada día del año lunar.
7 Mientras crecía, Mahoma puso en tela de juicio las prácticas religiosas de su tiempo. John Noss, en su libro Man’s Religions (Las religiones del hombre), dice: “A [Mahoma] le perturbaban las riñas incesantes en beneficio declarado de la religión y del honor entre los jefes de la tribu quraysí [Mahoma pertenecía a esta tribu]. Estaba menos satisfecho aún con los elementos sobrevivientes de la religión árabe antigua, el politeísmo y el animismo idolátricos, la inmoralidad en las convocaciones y ferias religiosas, el beber, el jugar por dinero y bailar que eran la costumbre acepta, y el enterrar vivas como indeseables a las recién nacidas, algo que no solo se practicaba en La Meca, sino en toda Arabia”. (Sura 6:137.)
8 Mahoma recibió el llamamiento para ser profeta cuando tenía unos 40 años. Él acostumbraba ir solo a una gruta cercana —llamada la caverna Hira— para meditar, y afirmó que en una de aquellas ocasiones se le llamó a la obra de profeta. La tradición musulmana dice que, mientras estaba allí, un ángel que después fue identificado como Gabriel le ordenó que recitara en el nombre de Alá. Mahoma no respondió, de modo que el ángel ‘lo asió enérgicamente y apretó tanto que Mahoma no podía soportarlo’. Entonces el ángel repitió el mandato. De nuevo Mahoma no respondió, de modo que el ángel ‘le apretó la garganta’ de nuevo. Esto ocurrió tres veces antes de que Mahoma empezara a recitar lo que llegó a considerarse la primera de una serie de revelaciones de que está hecho el Corán. Otra tradición cuenta que la inspiración divina le fue revelada a Mahoma como el tañido de una campana (The Book of Revelation [El libro de la revelación] de Ṣaḥīḥ Al-Bukhārī).
Revelación del Corán 9 ¿Cuál se dice que fue la primera revelación que recibió Mahoma? Las autoridades islámicas por lo general concuerdan en que esta consistió en los primeros cinco versículos del sura 96, que dicen en la traducción de Rafael Cansinos Asséns del Corán, bajo el título de “El coágulo (Al-Alak)”:
“¡En el nombre de Alá, el piadoso, el apiadable! Lee el nombre de tu Señor, que creó: Creó al hombre de un coágulo de sangre. Lee; y tu Señor (es) el más generoso. Que te enseñó la caña. Enseñó al hombre lo que no sabía”.
10 Según la fuente árabe The Book of Revelation, Mahoma contestó: “No sé leer”. Por lo tanto, tuvo que aprenderse de memoria las revelaciones para poder repetirlas y recitarlas. Los árabes eran diestros en el uso de la memoria, y por eso esto no fue difícil para Mahoma. ¿Cuánto tiempo le tomó recibir todo el mensaje del Corán? Por lo general se cree que las revelaciones le vinieron durante un período de unos 20 a 23 años, desde aproximadamente 610 E.C. hasta su muerte en 632 E.C.
11 Varias fuentes musulmanas explican que tan pronto como Mahoma recibía cada revelación la recitaba a los que por casualidad se hallaban cerca. Estos, a su vez, se aprendían de memoria lo revelado y lo mantenían vivo por recitación. Puesto que entre los árabes era desconocida la fabricación del papel, Mahoma hizo que unos escribas pusieran por escrito las revelaciones en los materiales primitivos entonces disponibles para ello, como omóplatos de camellos, hojas de palmera, madera y pergamino. Sin embargo, no fue sino hasta después de la muerte del profeta cuando el Corán adquirió su forma actual, bajo la guía de los sucesores y compañeros de Mahoma. Esto sucedió durante la gobernación de los primeros tres califas o líderes musulmanes.
12 El traductor Muhammad Pickthall escribe: “Todos los suras del Corán se habían puesto por escrito antes de la muerte del Profeta, y muchos musulmanes se habían aprendido de memoria todo el Corán. Pero los suras escritos estaban esparcidos entre la gente; y cuando en una batalla murieron muchos de los que sabían de memoria todo el Corán, se hizo una colección de todo el Corán y se puso por escrito”.
13 La vida islámica está gobernada por tres autoridades: el Corán, la Hadiz y la Sharia. Los musulmanes creen que el Corán en árabe es la forma más pura de la revelación, porque dicen que el árabe fue el idioma que Dios usó al hablar mediante Gabriel. Sura 43:3 dice: “Hemos hecho de ella un Corán árabe. Quizás, así, razonéis”. Por eso, para los musulmanes “cualquier traducción del Corán a otra lengua no puede sino desfigurar el texto”, dice el orientalista Jacques Jomier. De hecho, algunos eruditos islámicos rehúsan traducir el Corán. Su punto de vista es que traducir es siempre traicionar, y por lo tanto, “salvo en casos contados, el conjunto de los doctores de la ley prohíbe formalmente todo empleo litúrgico del Corán en traducción”, dice el mismo orientalista.
Las tres fuentes de enseñanza y guía
El Corán o Alcorán, del cual se dice que fue revelado a Mahoma por el ángel Gabriel. El significado y las palabras del Corán en árabe se consideran inspirados.
La Hadiz, o Sunna, “los actos, dichos y aprobación silenciosa (taqrīr) del Profeta fijados durante el segundo siglo [A.H.] en la forma de hadices escritas. Por lo tanto, una hadiz es el registro de una acción o de dichos del Profeta”. También se puede aplicar a las acciones o dichos de cualquiera de los “Compañeros [de Mahoma] o los Sucesores de estos”. En una hadiz, solo el significado se considera inspirado.—History of the Arabs (Historia de los árabes).
La Sharia, o derecho canónico, basada en principios del Corán, reglamenta religiosa, política y socialmente toda la vida del musulmán. “Todos los actos del hombre se clasifican en cinco categorías legales: 1) lo que se considera deber absoluto (farḍ) [que implica recompensa por obrar o castigo por no obrar]; 2) actos dignos de elogio o meritorios (mustaḥabb) [que implican una recompensa, pero ningún castigo por omisión]; 3) actos permisibles (jā’iz, mubāḥ), que en sentido legal son indiferentes; 4) acciones reprensibles (makrūh), que se desaprueban, pero no se castigan; 5) actos prohibidos (ḥarām), la realización de los cuales exige castigo.”—History of the Arabs.
Expansión islámica
14 Mahoma fundó su nueva fe en lucha contra grandes obstáculos. La gente de La Meca, aun de su misma tribu, lo rechazó. Después de 13 años de persecución y odio, él trasladó su centro de actividades hacia el norte a Yatrib, que entonces llegó a conocerse como al-Madinat (Medina), la ciudad del profeta. Esta emigración o hégira (hiŷra) en 622 E.C. señaló un punto significativo en la historia islámica, y posteriormente aquella fecha fue adoptada como el punto de partida del calendario islámico.
15 Con el tiempo Mahoma prevaleció cuando La Meca se rindió a él en enero de 630 E.C. (8 A.H.) y Mahoma llegó a ser su gobernante. Con las riendas del poder seglar y religioso en las manos, pudo limpiar de la Caaba las imágenes idolátricas y establecerla como el foco de las peregrinaciones a La Meca, que continúan hasta la actualidad.
16 Pocas décadas después de la muerte de Mahoma en 632 E.C. el islam se había esparcido hasta Afganistán y aun a Túnez en África del norte. Para principios del siglo VIII la fe coránica había penetrado en España y llegaba hasta la frontera francesa. Como declara el profesor Ninian Smart en su libro Background to the Long Search (Antecedentes de la larga búsqueda): “Considerado desde un punto de vista humano, el logro de un profeta árabe que vivió en los siglos VI y VII después de Cristo es asombroso. Según el parecer humano, de él provino una nueva civilización. Pero, por supuesto, para el musulmán la obra era divina y el logro era de Alá”.
La muerte de Mahoma lleva a desunión
17 La muerte del profeta ocasionó una crisis. Él murió sin dejar un hijo varón y sin designar claramente un sucesor. Como dice Philip Hitti: “El califato [puesto de califa] es, por lo tanto, el problema más antiguo con que tuvo que encararse el islam. Todavía es cuestión discutida. Según las palabras del historiador musulmán al-Shahrastāni [1086-1153]: ‘Nunca ha habido una cuestión islámica que haya causado más derramamiento de sangre que la del califato (imāmah)’”. ¿Cómo se resolvió el problema allá en 632 E.C.? “Abu Bakú, fue designado (el 8 de junio de 632) sucesor de Mahoma por alguna forma de elección en que participaron los jefes que estaban presentes en la capital, al-Madinat” (History of the Arabs). 18 El sucesor del profeta sería un gobernante, un jalifa o califa. No obstante, la cuestión de quiénes eran los verdaderos sucesores de Mahoma se convirtió en causa de divisiones en las filas del islam. Los musulmanes sunníes aceptan el principio de un puesto electivo más bien que el de descendencia del profeta. Por lo tanto, creen que los primeros tres califas, Abu Bakr (suegro de Mahoma), Omar (consejero del profeta) y Otmán (yerno del profeta), fueron los sucesores legítimos de Mahoma.
19 Objetan a esa alegación los musulmanes chiítas (shiítas), quienes dicen que el verdadero liderato viene por el linaje del profeta y mediante su primo y yerno, Alí ibn Abu Talib, el primer imam o imán (líder y sucesor), quien se casó con la hija favorita de Mahoma, Fátima. Del matrimonio de ellos vinieron los nietos de Mahoma llamados Hasán y Husein. Los chiítas también afirman “que desde el principio Alá y su Profeta habían designado claramente a Alí como el único sucesor legítimo, pero que los primeros tres califas lo habían privado por fraude de su puesto legítimo” (History of the Arabs). Claro, los musulmanes sunníes no opinan así.
20 ¿Qué le pasó a Alí? Durante su gobernación como el cuarto califa (656-661 E.C.) surgió una lucha por la jefatura entre él y el gobernador de Siria, Muawiya. Combatieron, y luego, para evitar más derramamiento de sangre entre musulmanes, sometieron su disputa a arbitraje. El que Alí aceptara un arbitraje debilitó su causa y apartó a muchos de sus seguidores, entre ellos a los jaridjitas (secesionistas), quienes se convirtieron en sus enemigos mortales. En el año 661 E.C., Alí fue asesinado con la punta envenenada de un sable por un fanático jaridjita. Los dos grupos (los sunníes y los chiítas) quedaron disgustados. La rama sunní del islam entonces escogió un líder de entre los omeyas, jefes acomodados de La Meca que no formaban parte de la familia del profeta.
21 Para los chiítas, Hasán, el primogénito de Alí y nieto del profeta, era el verdadero sucesor. Sin embargo, él abdicó y fue asesinado. Su hermano Husein llegó a ser el nuevo imán, pero él también murió a manos de soldados omeyas el 10 de octubre de 680 E.C. Su muerte o martirio (como lo consideran los chiítas) ha tenido un efecto significativo en el partido de Alí hasta nuestros días. Ellos creen que Alí era el verdadero sucesor de Mahoma y el primer “imán [líder] protegido divinamente de error y pecado”. Para los chiítas Alí y sus sucesores eran maestros infalibles que tenían “el don divino de la impecabilidad”. El grupo mayoritario de los chiítas cree que ha habido solo 12 verdaderos imanes, y el último de estos, Mahomet al-Muntazar, desapareció (878 E.C.) “en la cueva de la gran mezquita de Samarra sin dejar prole”. Así, “llegó a ser ‘el oculto (mustatir)’ o ‘el imán esperado (muntaẓar)’. Al debido tiempo aparecerá como el Mahdi (guiado divinamente) para restablecer el islam verdadero, conquistar todo el mundo e introducir un milenio breve antes del fin de todas las cosas” (History of the Arabs).
22 Cada año los chiítas conmemoran el martirio del imán Husein. Tienen procesiones en las cuales algunos se cortan con cuchillos y espadas, y se causan sufrimiento de otras maneras. En los últimos tiempos los musulmanes chiítas han recibido mucha publicidad debido a su celo por las causas islámicas. No obstante, representan solo cerca del 20% de los musulmanes del mundo, que en su mayoría son sunníes. Pero ahora examinemos algunas enseñanzas del islam y notemos qué efecto tiene la fe islámica en la conducta diaria de los musulmanes.
Dios es supremo, no Jesús 23 Las tres principales religiones monoteístas del mundo son el judaísmo, el cristianismo y el islam. Pero para cuando apareció Mahoma hacia el principio del siglo VII Era Cristiana., desde el punto de vista de él las primeras dos religiones se habían apartado de la senda de la verdad. De hecho, según algunos comentaristas islámicos el Corán da a entender un rechazamiento de los judíos y de los cristianos cuando declara: “No [la vía] de los que han incurrido en la ira, ni de los extraviados”. (Sura 1:7.) ¿A qué se debe esto?
24 Un comentario sobre el texto coránico declara: “El Pueblo del Libro se extravió: Los judíos al violar su Pacto, y calumniar a María y Jesús y los cristianos al elevar a Jesús el Apóstol a igualdad con Dios” mediante la doctrina de la Trinidad. (Sura 4:153-176, AYA.)
25 La enseñanza principal del islam, por su absoluta sencillez, es lo que se conoce como la shahada o confesión de fe, que todo musulmán sabe de memoria: “La ilāh illa Allāh; Muḥammad rasūl Allāh” (No hay más dios que Alá; Mahoma es el mensajero de Alá). Esto concuerda con la expresión coránica: “Vuestro Dios es un Dios Uno. No hay más dios que Él, el Compasivo, el Misericordioso”. (Sura 2:163.) Esta idea se expresó 2.000 años antes en el antiguo llamamiento a Israel: “Escucha, oh Israel: Jehová nuestro Dios es un solo Jehová”. (Deuteronomio 6:4.) Jesús repitió este mandato, el mayor, que está escrito en Marcos 12:29, unos 600 años antes de Mahoma, y en ninguna parte afirmó Jesús ser Dios o igual a Él. (Marcos 13:32; Juan 14:28; 1 Corintios 15:28.)
26 Respecto a la unicidad de Dios el Corán declara: “Creed, pues, en Dios y en sus apóstoles, y no digáis: ‘Trinidad’. Absteneos de ello y será mejor para vosotros; porque, Dios es un dios único”. (Sura 4:171, CA.) No obstante, debemos señalar que el cristianismo verdadero no enseña una Trinidad. Esa es una doctrina de origen pagano que introdujeron apóstatas de la cristiandad después de la muerte de Cristo y los apóstoles.
Las Seis Columnas de la Fe
  1. Fe en un solo Dios, Alá (Sura 23:116, 117)
  2. Fe en los ángeles (Sura 2:177)
  3. Los libros sagrados: la Torá, el Evangelio, los Salmos, los Rollos de Abrahán, el Corán
  4. Fe en muchos profetas, pero un solo mensaje. Adán fue el primer profeta. Otros han sido Abrahán, Moisés, Jesús y “el sello de los profetas”, Mahoma (Sura 4:136; 33:40)
  5. Fe en un día del juicio, cuando se levanten de las tumbas a todos los muertos (Sura 15:35, 36)
  6. Fe en la omnisciencia y presciencia de Dios, y en que él determina todo lo que sucede. Sin embargo, el hombre tiene libertad de elección en sus actos. [Las sectas islámicas están divididas sobre la cuestión del libre albedrío] (Sura 9:51)
Alma, resurrección, paraíso e infierno
27 El islam enseña que el hombre tiene un alma que pasa a un más allá. El Corán dice: “Dios llama a las almas cuando mueren y cuando, sin haber muerto, duermen. Retiene aquéllas cuya muerte ha decretado”. (Sura 39:42.) Al mismo tiempo, el sura 75 está dedicado totalmente a “La Resurrección”. En parte dice: “¡Juro por el día de la Resurrección! ¿Cree el hombre que no juntaremos sus huesos? Pregunta: ‘¿Cuándo será el día de la Resurrección?’ Ese tal [Alá], ¿no será capaz de devolver la vida a los muertos?”. (Sura 75:1, 3, 6, 40.)
28 Según el Corán, el alma puede tener diferentes destinos, que pueden ser: o un jardín celestial paradisíaco, o el castigo de un infierno ardiente. Como declara el Corán: “Preguntan: ‘¿Cuándo llegará el día del juicio final?’ ¡El día en que sean torturados en el fuego! ‘Se les dirá: “¡Sufrid vuestra tortura! ¡He aquí lo que pretendíais urgir!”’”. (Sura 51:12-14, CA.) “Tendrán [los pecadores] un castigo en la vida de acá, pero en la otra tendrán un castigo más penoso. No tendrán quien les proteja contra Dios.” (Sura 13:34.) Se presenta la pregunta: “Y ¿cómo sabrás qué es? ¡Un fuego ardiente!”. (Sura 101:10, 11.) Este terrible destino se describe con lujo de detalles: “Por cierto que, a quienes niegan nuestras aleyas les introduciremos en el fuego infernal. Cada vez que su piel se haya abrasado, se la cambiaremos por otra piel, para que experimenten el suplicio; porque, Dios es poderoso, prudente”. (Sura 4:56, CA.) En otro lugar dice: “Por cierto que, el infierno será una emboscada, donde permanecerán siglos. En que no probarán sueño ni más bebida, que agua hirviente e icor”. (Sura 78:21, 23-25, CA.)
29 Los musulmanes creen que el alma de un difunto pasa a la Barzakh o “Barrera”, “una barrera que participa de lo temporal (tiempo intermedio entre la hora de la muerte y la hora de la resurrección)”. (Sura 23:99, 100.) El alma está consciente allí experimentando castigo si la persona ha sido impía, o disfrutando de felicidad si ha sido fiel. Pero los fieles también tienen que experimentar alguna tortura debido a los pocos pecados que hayan cometido durante su vida. En el día del juicio, cada uno se encara con su destino eterno, que pone fin a este estado intermedio.
30 En contraste con eso, a los justos se les prometen los jardines celestiales del paraíso: “A quienes creen y obren bien, les introduciremos en Jardines por cuyos bajos fluyen arroyos, en los que estarán eternamente, para siempre”. (Sura 4:57.) “Por cierto que, hoy los dilectos del Paraíso se entregarán al júbilo; ellos con sus esposas estarán en gratas umbrías, acodados sobre los sofás.” (Sura 36:55, 56, CA.) “Hemos escrito en los Salmos, después de la Amonestación, que la tierra la heredarán Mis siervos justos.” La nota en este sura remite al lector a Salmo 37:29. (Sura 21:105.) En otra versión (AYA) también se remite a Salmo 25:13 y a las palabras de Jesús en Mateo 5:5. La referencia a esposas nos lleva ahora a otra pregunta.
¿Monogamia, o poligamia?
31 ¿Es la poligamia lo normal entre los musulmanes? Aunque el Corán permite la poligamia, muchos musulmanes tienen una sola esposa. Debido a las muchas viudas que hubo después de costosas batallas, el Corán hizo lugar para la poligamia: “Si teméis no ser justos con los huérfanos, casaos con las mujeres que os gusten: dos, tres o cuatro. Pero, si teméis no obrar con justicia, casaos con una sola o con vuestras esclavas”. (Sura 4:3.) Una biografía de Mahoma por Ibn-Hishām menciona que Mahoma se casó con una viuda acaudalada, Jadiya, que era 15 años mayor que él. Después de la muerte de ella, se casó con muchas mujeres. Cuando murió, dejó nueve viudas.
32 En el islam hay otra forma de matrimonio que se llama muta. Se define como “un contrato especial concertado entre un hombre y una mujer mediante oferta y aceptación de matrimonio por un período limitado y con una dote especificada como en el contrato para el matrimonio permanente” (Islamuna, por Muṣṭafā al-Rāfi‛ī). Los sunníes lo llaman un matrimonio de placer, y los chiítas lo llaman un matrimonio que ha de terminar en un período específico. La misma fuente dice: “Los hijos [de esos matrimonios] son legítimos y tienen los mismos derechos que los hijos de un matrimonio permanente”. Parece que esta forma de matrimonio temporal se practicaba en los días de Mahoma, y él permitió que continuara. Los sunníes insisten en que después se prohibió, mientras que los imamíes, el mayor entre los grupos chiítas, creen que todavía está en vigor. De hecho, muchos practican esta forma de matrimonio, especialmente cuando el hombre está alejado de su esposa por largo tiempo.
El islam y la vida cotidiana
33 El islam implica cinco obligaciones principales y cinco creencias fundamentales. Una de las obligaciones es que el musulmán devoto se vuelva hacia La Meca cinco veces al día en oración (salat). En el día de descanso musulmán (el viernes) los hombres acuden a la mezquita cuando oyen al almuédano convocarlos a la oración desde el alminar. Hoy día muchas mezquitas ponen una grabación en vez de tener a alguien que dé a voces la llamada.
34 La mezquita (árabe: masjid) es el lugar de adoración musulmán, descrito por el rey Fahd ibn Abdul Aziz de la Arabia Saudí como “la piedra angular del llamamiento a Dios”. Él definió la mezquita como “un lugar de oración, estudio, actividades legales y judiciales, consulta, predicación, guía, educación y preparación. La mezquita es el corazón de la sociedad musulmana”. Estos lugares de adoración se ven ahora por todo el mundo. Uno de los más famosos de la historia es la mezquita de Córdoba, España, que por siglos fue la mayor del mundo.
Conflicto con la cristiandad y dentro de ella
35 Desde el siglo VII el islam se extendió hacia el oeste al África del norte, hacia el este a Paquistán, India y Bangladesh, y al sur a Indonesia. Mientras se extendía, entró en conflicto con una Iglesia Católica militante, que organizó cruzadas para recobrar de manos de los musulmanes la Tierra Santa. En 1492 la reina Isabel y el rey Fernando de España completaron la reconquista católica de España. Los musulmanes y los judíos tendrían que convertirse, o serían expulsados de España. La tolerancia mutua que había existido bajo el dominio musulmán en España desapareció después bajo la influencia de la Inquisición católica. No obstante, el islam sobrevivió, y en el siglo XX ha experimentado un resurgimiento y gran expansión.
36 Mientras el islam se extendía, la Iglesia Católica pasaba por su propia agitación al tratar de mantener la unidad en sus filas. Pero dos vigorosas influencias estaban por irrumpir en el escenario de los acontecimientos, y estas fragmentarían aún más la imagen monolítica de aquella iglesia. Estas fueron: la imprenta y la Biblia en el idioma de la gente.
Las Cinco Columnas de la Observancia
  1. Repetir el credo (shahada): “No hay más Dios que Alá; Mahoma es el mensajero de Alá” (Sura 33:40)
  2. Oración (salat) hacia La Meca cinco veces al día (Sura 2:144)
  3. Caridad (zakat), la obligación de dar cierto porcentaje de los ingresos de uno y del valor de alguna propiedad (Sura 24:56)
  4. Ayuno (saum), especialmente durante la celebración de Ramadán, que dura un mes (Sura 2:183-185)
  5. Peregrinación (hayy). Una vez en la vida, todo varón musulmán tiene que hacer el viaje a La Meca. Solo la enfermedad y la pobreza son excusas lícitas (Sura 3:97)
El bahaísmo... en busca de la unidad mundial
1 El bahaísmo o behaísmo no es una secta del islam, sino una ramificación del babismo, un grupo de Persia (hoy Irán) que se separó de la rama chiíta del islam en 1844. El líder de los babistas fue Mirza Alí Mohamed, de Shiraz, quien se proclamó el Bab (“la Puerta”) y el imam-mahdi (“líder rectamente guiado”) de la línea de Mahoma. Fue ejecutado por las autoridades persas en 1850. En 1863 Mirza Husein Alí Nuri, miembro prominente del grupo babista, “se declaró ‘Aquel a quien Dios pondrá de manifiesto’, a quien el Bab había predicho”. También adoptó el nombre de Baha Allah (“Esplendor de Dios”) y formó una nueva religión, el bahaísmo.
2 Baha Allah fue desterrado de Persia y con el tiempo fue encarcelado en Acco (hoy Acre, Israel). Allí escribió su obra principal, al-Kitab al-Aqdas (El Libro Santísimo), y dio forma abarcadora a la doctrina del bahaísmo. Al morir Baha Allah, la dirección de aquella religión en ciernes pasó a su hijo Abd al-Baha, y después a su bisnieto, Shoghi Effendi Rabbani, y en 1963 a un cuerpo administrativo electo conocido como la Casa Universal de Justicia.
3 Los bahaístas creen que Dios se ha revelado al hombre mediante “Manifestaciones Divinas”, que son: Abrahán, Moisés, Krisna, Zoroastro, el Buda, Jesús, Mahoma, el Bab y Baha Allah. Creen que estos mensajeros fueron provistos para guiar a la humanidad por un proceso evolutivo en el cual la aparición del Bab inició una nueva era para la humanidad. Los bahaístas dicen que hasta la fecha su mensaje es la revelación más plena de la voluntad de Dios, y que es el instrumento principal dado por Dios que hará posible la unidad mundial. (1 Timoteo 2:5, 6.)
4 Uno de los preceptos básicos del bahaísmo es “que todas las grandes religiones del mundo tienen origen divino, que sus principios fundamentales están en completa armonía”. Estas “solo difieren en los aspectos no esenciales de sus doctrinas”. (2 Corintios 6:14-18; 1 Juan 5:19, 20.)
5 Entre las creencias bahaístas están la unicidad de Dios, la inmortalidad del alma y la evolución (biológica, espiritual y social) de la humanidad. Por otra parte, el bahaísmo rechaza el concepto común de los ángeles. También rechaza la Trinidad, la enseñanza hinduista de la reencarnación, y tanto la caída humana desde su estado de perfección como el rescate posterior de la humanidad mediante la sangre de Jesucristo. (Romanos 5:12; Mateo 20:28.)
6 La hermandad del hombre y la igualdad de las mujeres son rasgos principales del bahaísmo. Los bahaístas practican la monogamia. Por lo menos una vez al día rezan una de las tres oraciones reveladas por Baha Allah. Practican el ayuno desde la salida hasta la puesta del Sol durante los 19 días del mes bahaísta de ‘Alā, que cae en marzo. (El calendario bahaísta consiste en 19 meses, de 19 días cada uno, con algunos días intercalares.)
7 El bahaísmo no tiene muchos ritos fijos ni tiene clero. Quienquiera que profese fe en Baha Allah y acepte sus enseñanzas puede inscribirse como miembro. Los bahaístas se reúnen para adorar en el primer día de cada mes bahaísta.
8 Los bahaístas se ven como un grupo que tiene la misión de la conquista espiritual del planeta. Tratan de esparcir su fe mediante la conversación, el ejemplo, el participar en proyectos de la comunidad y en campañas de información. Creen en obediencia absoluta a las leyes del país donde residen, y aunque votan, no participan en la política. Prefieren el servicio no combatiente en las fuerzas armadas cuando les es posible, pero no son objetores de conciencia.
9 Como religión misional, el bahaísmo ha crecido rápidamente durante los últimos años. Los bahaístas calculan que por todo el mundo tienen casi 5.000.000 de creyentes, aunque de hecho el registro de adultos en su religión es de poco más de 2.300.000.
[Notas] Los musulmanes creen que la Biblia contiene revelaciones de Dios, pero que algunas fueron falsificadas posteriormente.
En español el nombre del profeta se ha escrito de varias maneras (Mahoma, Muhammad, Mahomet, Mohamed, etc.). Aquí usamos Mahoma.
Así, el año musulmán se da como A.H. (latín: Anno Hegirae, año de la huida), más bien que A.D. (Anno Domini, año del Señor).
Sobre el asunto del alma y el infierno de fuego, compárese esto con los siguientes textos bíblicos: Génesis 2:7; Ezequiel 18:4; Hechos 3:23.
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